17 de septiembre de 2014

Tabaco, hipertensión y diabetes aumentan el riesgo de demencia

Tabaco, hipertensión y diabetes aumentan el riesgo de demencia
GETTY/ WILDPIXEL

MADRID, 17 Sep. (EUROPA PRESS) -

   El control de la diabetes y la presión arterial alta, así como medidas para fomentar el abandono del tabaco y reducir el riesgo cardiovascular tienen el potencial de disminuir el riesgo de demencia, incluso en la edad avanzada, según revela el Informe Mundial sobre el Alzheimer 2014 'La demencia y la Reducción del Riesgo: Un análisis de los factores de protección y modificables'.

   Este documento, en el que se pide que se integre la demencia en los programas mundiales y nacionales de salud pública junto con otras patologías no transmisibles (ENT), señala que la diabetes puede aumentar el riesgo de demencia en un 50 por ciento. También plantea que la obesidad y la falta de actividad física son factores de riesgo importantes para la diabetes y la hipertensión, y deben, por lo tanto, controlarse.

   Aunque la salud cardiovascular está mejorando en muchos países de ingresos altos, muchos países de bajos y medianos ingresos muestran un patrón reciente de aumento de la exposición a factores de riesgo cardiovascular, con incremento de las tasas de diabetes, enfermedades del corazón y derrame cerebral.

   En este trabajo, encargado por la organización mundial de asociaciones 'Alzheimer's Disease International' (ADI), se señala que dejar de fumar está fuertemente ligado con una reducción en el riesgo de demencia. Como ejemplo, pone que los estudios sobre la incidencia de demencia entre las personas mayores de 65 años y más han demostrado que los exfumadores tienen un riesgo similar a los que nunca han fumado, mientras que los que continúan consumiento tabaco poseen un riesgo mucho mayor.

   Realizado por un equipo de investigadores dirigido por el profesor Martin Prince, del 'King's College London', en Reino Unido, el trabajo revela que los que han tenido mejores oportunidades de educación poseen un menor riesgo de demencia en la edad avanzada. La evidencia sugiere que la educación no tiene impacto en los cambios en el cerebro que conducen a la demencia, pero reduce su impacto en el funcionamiento intelectual.

   El documento plantea que si se entra en la vejez con cerebros mejor desarrollados y más saludables es posible que se vivan vidas más larga, más felices y más independientes, con menos posibilidades de desarrollar demencia. Por ello, dice que promover la salud del cerebro es importante durante toda la vida, pero sobre todo a mediados de la vida, puesto que las alteraciones cerebrales pueden comenzar décadas antes de que aparezcan los síntomas.

   El estudio, que se hace público como parte del Día Mundial del Alzheimer, que se celebra este domingo, y el Mes Mundial del Alzheimer, una campaña para concienciar sobre la enfermedad, también insta a los programas de las ENT a incluir más a las personas mayores, con el mensaje de que nunca es demasiado tarde para hacer un cambio, ya que el curso futuro de la epidemia global de demencia es probable que dependa de manera crucial del éxito o el fracaso de los esfuerzos para mejorar la salud pública mundial a través de la población.

   Combinar los esfuerzos para hacer frente a la creciente carga mundial de enfermedades no transmisibles será de importancia estratégica, eficiente y rentable, según los autores del documento. A su juicio, llevar una vida saludable es un paso positivo hacia la prevención de una serie de enfermedades a largo plazo, incluyendo el cáncer, las enfermedades del corazón, el derrame cerebral y la diabetes.

   El profesor Martin Prince, del Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del 'King's College London' y autor del informe, subraya: "Ya hay evidencia de varios estudios de que la incidencia de demencia puede estar cayendo en los países de altos ingresos, vinculado a mejoras en la educación y la salud cardiovascular. Tenemos que hacer todo lo posible por acentuar estas tendencias. Con un coste global de más de 600.000 millones de dólares [463.447 millones de euros], las apuestas difícilmente podrían ser más altas".

   "Desde una perspectiva de salud pública, es importante tener en cuenta que la mayoría de los factores de riesgo de demencia se solapan con los de otras principales enfermedades no transmisibles (ENT). En los países de altos ingresos, hay un mayor enfoque en los estilos de vida más saludables, pero no es siempre el caso con los países de bajos y medianos ingresos. Para el año 2050, se estima que el 71 por ciento de las personas que viven con demencia estará en estas regiones, por lo que la implementación de las campañas de salud pública eficaces puede ayudar a reducir el riesgo global", añade el director ejecutivo de ADI, Marc Wortmann.

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