5 de agosto de 2020

El sexo sí es ejercicio, pero con matices

El sexo sí es ejercicio, pero con matices
Close up of female feet. - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / SANTIAGO NUNEZ

MADRID, 5 Ago. (EDIZIONEZ) -

¿Alguna vez te has preguntado si el sexo podría considerarse ejercicio? Todo dependerá. Desde la Fundación Española del Corazón (FEC) advierten de que la actividad física que requiere una relación sexual se compara con la necesaria para subir dos pisos de escaleras.

"Si usted es capaz de subir dos pisos de escaleras sin tener dolor en el pecho o fatiga excesiva, será capaz, desde el punto de vista físico, de mantener relaciones sexuales plenas", afirma la entidad, señalando a su vez que es necesario tener en cuenta que existen amplias variaciones en los gastos energéticos durante el acto sexual dependientes de factores como el estado físico del paciente y de su pareja, de la excitación, de la ingesta abundante de comida antes de la actividad sexual, de si la relación es extraconyugal, entre otros factores.

A su vez, el doctor Marco A. Blázquez, Coordinador de la Unidad de Imagen Cardiaca del Hospital Universitario de Torrejón (Madrid) mantiene en una entrevista con Infosalus que "la actividad sexual conlleva una activación física y un estrés hemodinámico en el sistema vascular, similar al que nos puede proporcionar el ejercicio físico".

Por lo que sí, podemos considerarlo ejercicio, pero con matices. Este especialista hila más fino que la FEC y puntualiza que este gasto energético se mide habitualmente en la unidad de equivalentes metabólicos (METs), definiendo 1 METs como el consumo de oxígeno que realizamos en reposo estando sentados.

"Se ha encontrado que la actividad sexual produce un gasto energético, variable según la situación, pero que oscila entre 3 o 4 METs en relaciones con la pareja habitual, y de 5 a 6 METs en relaciones con una pareja no habitual. Esta medida equivale al gasto energético que realizamos al caminar en llano a 4-6 kilómetros por hora, o en deportes como el tenis de mesa, o el tiro con arco en el primer caso, o jugar al bádminton o al golf, en el segundo", detalla el cardiólogo.

Ahora bien, insiste en que, aunque el sexo puede considerarse como un ejercicio físico, dice que será muy difícil que, con la actividad sexual solamente, incluso teniendo una vida sexual muy activa, puedan cumplirse los requerimientos para una vida cardiosaludable en población general (realizar unos 30-40 minutos de ejercicio moderado 5 días a la semana).

En este contexto, el doctor Blázquez destaca que los efectos cardiovasculares de la actividad sexual son similares en ambos sexos: "Fundamentalmente estos efectos son un aumento de la frecuencia cardiaca que puede llegar a aumentar hasta picos de 140-180 latidos por minuto, un aumento de la tensión arterial de hasta 80/50 mmHg, y un incremento de la frecuencia respiratoria. Una vez terminada la relación sexual lo habitual es que estos parámetros se normalicen progresivamente".

ENTONCES, ¿QUÉ PASA CON LOS ENFERMOS DEL CORAZÓN?

Tras sufrir un infarto son muchas las personas que se preocupan sobre si podrán recuperar su actividad sexual previa al episodio coronario. El coordinador de la Unidad de Imagen Cardiaca del Hospital Universitario de Torrejón señala en este sentido que, aunque se ha observado que la actividad sexual puede actuar como desencadenante del infarto de miocardio, este efecto es pequeño.

Eso sí, precisa que durante las dos horas siguientes a una relación sexual se ha observado que el riesgo de infarto es "aproximadamente el doble que en otro momento", pero el riesgo absoluto de la actividad sexual es muy pequeño, de manera que alguien que por su perfil de riesgo (incluido en éste la edad) tuviera un riesgo de sufrir un infarto de miocardio a un año del 1%, la actividad sexual regular sólo lo aumentaría a 1,01% y, si este riesgo fuera mayor, del 10%, la actividad sexual sólo lo aumentaría al 10,1%.

"Este efecto como desencadenante es menor que el del estrés psicológico, el ejercicio físico o una discusión airada. De manera que este pequeño aumento de riesgo no es motivo para dejar de recomendar una vida sexual activa en la gran mayoría de pacientes, y mucho menos solo por su edad", afirma el especialista en imagen cardíaca.

Por otro lado, Blázquez menciona que, en general, se considera un objetivo terapéutico para los enfermos de corazón el que puedan hacer una vida lo más normal posible y, entre otras consideraciones, que puedan llevar una vida sexual normal y placentera.

"Evidentemente, en aquellos pacientes que presentan una patología cardiaca aguda y no controlada, como puede ser una angina inestable, las dos primeras semanas tras un infarto de miocardio, arritmias no controladas, o insuficiencia cardiaca descompensada, no es un periodo en el que se recomiende la actividad sexual", aconseja el experto del Hospital Universitario de Torrejón.

Sin embargo, sí señala que en pacientes con patologías estables, como regla general, se considera que la actividad sexual es segura si el paciente puede desarrollar un gasto energético por encima de los 5 METs sin presentar síntomas (ni sensación de falta de aire, ni dolor torácico). "Esto equivaldría a subir un par de pisos caminando sin parar, o darse una pequeña carrera para alcanzar un autobús. Si tenemos dudas sobre su clase funcional se puede realizar una prueba de esfuerzo que nos precisará la capacidad funcional del paciente", agrega el cardiólogo.

LA DISFUNCIÓN SEXUAL TRAS INFARTO

Por otro lado, advierte de que es muy frecuente la presencia de disfunción sexual en enfermos cardiacos, tanto en hombres como en mujeres. "Por ejemplo, tras un infarto de miocardio se produce algún grado de disfunción (sobre todo disfunción eréctil en hombres) en entre la mitad y tres cuartos de los pacientes", avisa el doctor Blázquez.

Según matiza, la disfunción sexual se puede producir por varios factores. Por un lado, dice que algunos de los fármacos que se usan en Carrdiología pueden tener efectos secundarios relacionados con la actividad sexual. Y por otro lado, muchas veces coexisten factores de riesgo compartido entre la enfermedad cardiaca y la disfunción sexual, como la diabetes, la hipercolesterolemia, el hábito tabáquico, o la hipertensión.

"Y, por último y no menos importante, están los problemas psicológicos tales como la ansiedad, el miedo, o la depresión que se pueden producir tras sufrir un evento cardiaco. En estos casos, la función del médico será mejorar el estado psicológico del paciente, recomendar una vida activa y no sedentaria que mejorará sin duda su vida sexual, y ajustar el tratamiento médico lo mejor posible para evitar efectos secundarios no deseados. Y, si se precisase finalmente, se pueden usar fármacos para la disfunción eréctil, que en general se consideran seguros para estos pacientes a no ser que estén tomando nitratos", añade.

En última instancia, el especialista del Hospital de Torrejón recuerda que, dentro de la definición de salud que nos da la OMS, como el estado de bienestar físico, emocional, mental y social, sí está incluida la capacidad de poder llevar una vida sexual plena y placentera.

"Para poder tenerla durante toda nuestra vida, sin importar la edad, lo mejor que podemos hacer es cuidar nuestra salud cardiovascular, controlando los factores de riesgo que podamos tener, como la hipertensión, la diabetes y la hipercolesterolemia; no fumar; llevar una dieta cardiosaludable y con especial importancia; llevar una vida no sedentaria a través de la realización de ejercicio físico regular, lo cual evitará en muchos casos que podamos desarrollar disfunciones sexuales y disminuirá el riesgo de poder presentar eventos cardiacos asociados al sexo", sentencia el doctor Blázquez.