10 de agosto de 2016

Quejarse en el trabajo puede ser un éxito

Quejarse en el trabajo puede ser un éxito
PIXABAY

MADRID, 10 Ago. (EUROPA PRESS) -

La profesora de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya, Eva Rimbau, ha asegurado que, pese a que generalmente quejarse está mal visto, cuando las quejas se producen en el ámbito laboral y tienen un objetivo concreto pueden ser un "éxito".

"Si tu queja se debe a que intentas mejorar tu productividad o la de tu empresa, es probable que, si sabes plantearla, sea bien recibida", ha asegurado. Estas declaraciones han sido corroboradas por la profesora Gina Aran quien, además, ha subrayado la importancia de que el trabajador sea asertivo para que sus quejas se tengan en cuenta.

Y es que, a juicio de las expertas, una queja puede ser un indicador de que hay algo que no funciona bien, por lo que podría ser útil pero también puede ser conflictivo. "Hay que practicar la 'queja sana', hacer observaciones u sugerencias que pueden ser bienvenidas", ha explicado Aran, a lo que Rimbau ha añadido que tiene que "centrarse en hechos perjudiciales para la productividad y mostrar en todo momento una actitud profesional".

Ahora bien, a la hora de plantear la queja, las expertas han aconsejado buscar el momento idóneo, lo ideal es concertar una hora de encuentro o de entrega; hacerla por escrito porque reduce el componente emocional y la convierte en más objetiva y comprensible; mantener el autocontrol si se hace en persona; describir la situación y las consecuencias negativas que ocasiona; y proponer alternativas de solución, sin exigir y procurando empatizar.

"Si la sugerencia cae en saco roto, no hay que insistir más. Se puede correr el riesgo de ser considerado conflictivo. Las quejas que son aceptables son aquellas que reclaman algo derivado de un acuerdo roto o de un compromiso", han apostillado Rimbau.

PERFILES DE LOS 'QUEJICAS'

Finalmente, Aran ha informado de que hay varios tipos de 'quejicas' como, por ejemplo, los que se convierten en 'quejosos crónicos' y comunican sus quejas de modo que alteran el clima laboral y la capacidad de concentración del resto de trabajadores, lo que afecta a la productividad.

"Lo hacen de modo que cualquier cosa es susceptible de crítica y buscan aliados, se quejan de forma reiterada y eso se convierte en un hábito", ha enfatizado Aran.

O el del típico 'yo crítico', aquel que lo critica todo, que se queja y que siempre está disconforme. "Es un perfil completamente reconducible: hay que implicarlo en un proyecto del que pueda ser responsable", ha zanjado.