7 de enero de 2014

Hasta un 7% de la población general sufre trastorno de compra compulsiva

BARCELONA, 7 Ene. (EUROPA PRESS) -

Entre un 6 y un 7 por ciento de la población general en los países desarrollados sufre trastorno de compra compulsiva, una patología que comporta altos niveles de estrés y graves consecuencias para la vida como alteraciones emocionales, deudas, una valoración negativa por parte de familiares y amigos e intensos sentimientos de culpa.

Según ha informado este martes el Hospital de Bellvitge en un comunicado, el Servicio de Psiquiatría del centro ha aplicado un programa de tratamiento protocolizado e integral para tratar a este tipo de pacientes, en el que se orienta a los afectados y se asiste a sus familiares.

La depresión y los problemas de ansiedad representan la mitad de los casos vinculados a la compra compulsiva que, aunque siempre se ha relacionado con las mujeres, estudios recientes han demostrado que presenta tasas similares en hombres.

La diferencia se encuentra en el tipo de objetos que adquieren: "Mientras las mujeres compran cosmética, ropa, complementos y joyas, los hombres acostumbran a comprar material informático, música y accesorios para el coche", ha indicado la responsable de la Unidad de Juego Patológico y otras Adicciones Comportamentales del Hospital de Bellvitge, Susana Jiménez.

Internet es un "potente factor de riesgo" en el desarrollo de esta patología, pese a que las compras presenciales continúan siendo las más habituales, y también favorecen el aumento de casos la influencia de la publicidad, el materialismo como indicador de éxito social y señal de identidad, y las facilidades para comprar cualquier tipo de producto.

El perfil del paciente es una persona de unos 40 años con un tiempo de evolución del trastorno de seis años y con deudas de más de 25.000 euros, si bien los tratamientos consiguen elevadas tasas de recuperación siempre que el paciente tome conciencia de su trastorno y tenga motivación para resolverlo.

Algunos predictores significativos para el desarrollo de esta conducta son el elevado materialismo, déficits en el control de los impulsos y las dificultades en la regulación de las emociones negativas, además de factores de riesgo individuales como los rasgos de personalidad, otros trastornos asociados --depresiones o ansiedad--, baja autoestima y déficits en la gestión del estrés.