28 de septiembre de 2015

Las normas sociales no son decisivas en la mutilación genital

   MADRID, 28 Sep. (EUROPA PRESS) -

   Investigadores de la Universidad de Zurich, en Suiza, y colaboradores en Sudán han recogido datos que desafían los supuestos en los que se basan muchas de las mutilaciones genitales femeninas. El estudio muestra que las familias dentro de las comunidades varían enormemente en términos de sus prácticas de mutilación y que la decisión de realizar la mutilación genital femenina depende en gran medida de los valores privados en lugar de las normas sociales.

   ABLACIÓN FEMENINA

   Se estima que en todo el mundo un total de 125 millones de niñas y mujeres se someten a la mutilación genital a pesar de que conduce a graves problemas de salud durante toda la vida. Los organismos de ayuda al desarrollo gastan millones de dólares cada año en proyectos que promueven el abandono de esta práctica pero están diseñados a menudo en torno a la hipótesis de que la mutilación es una norma social basada en la coordinación de todos.

   Si esta hipótesis es cierta, las familias se coordinan para mutilar a sus hijas y esposas, de forma que si la mayoría de las familias realizan esta práctica, todas las demás se ven motivadas a hacerlo para asegurar que sus hijas puedan contraer matrimonio cuando sean mayores. Al mismo tiempo, si la mayoría de los hogares no realiza estas mutilaciones, el resto tiene incentivos para hacer lo mismo.

   En resumen, cuando las familias se coordinan, todo el mundo tiene un incentivo para seguir la norma local, independientemente de que esta regla sea la mutilación genital femenina o no mutilar a las mujeres. Si esta hipótesis fuera correcta, la mutilación debería ser casi universal en un área local o estar prácticamente ausente, de forma queuna vez que una norma de mutilación está presente, esta práctica persiste porque ni una sola familia puede arriesgarse a ser diferente de las otras familias que la rodean.

   Sin embargo, las actitudes y prácticas de corte varían enormemente tanto entre comunidades como dentro de una comunidad. "Hemos encontrado que las familias que mutilan y las que no lo hacen viven básicamente puerta con puerta. La tremenda heterogeneidad que observamos sugiere que la coordinación no es tan importante. Incluso, si juega algún papel, las familias aparentemente responden también a otras cuestiones privadas y otros valores que varían mucho entre las familias y los individuos", resume Charles Efferson, uno de los autores de la investigación.

   Estos hallazgos tienen implicaciones importantes para el uso de declaraciones públicas que promueven el abandono de esta práctica. Muchas agencias de ayuda al desarrollo patrocinan declaraciones públicas en las que varias familias de una comunidad declaran públicamente que están dejando la mutilación genital femenina.

   Siempre que participen suficientes familias en este tipo de iniciativas, la necesidad de coordinación debería llevar a las otras familias de la comunidad a darse cuenta de que dejar esta práctica es la mejor manera de asegurarse de que sus hijas crecerán hasta casarse. Estas familias deben entonces estar preparadas para dejar la mutilación genital por una nueva norma que se está afianzando en la comunidad.

   No obstante, Sonja Vogt, también autora principal del estudio, explica que esta investigación pone en duda la eficacia de las declaraciones públicas: "Como hay tanta heterogeneidad individual, las declaraciones públicas corren el riesgo de limitarse a llegar a las familias que ya se inclinan por dejar de hacer mutilaciones genitales femeninas. Entonces, una declaración podría tener poco o ningún efecto sobre las familias que permanecen en una comunidad, ya que estas familias optan por esta práctica por razones ajenas a la coordinación".

   Vogt explica cómo se midieron las prácticas de mutilación: "En las comunidades sudaneses en nuestro estudio, se aplica henna en los pies de una joven cuando es mutilada. Por esta razón, la henna es un signo visible de que una chica se ha mutilado recientemente. Se utilizó este hecho para desarrollar un nuevo método culturalmente apropiado para estimar las tasas de mutilación". Los investigadores también desarrollaron una nueva prueba para evaluar las actitudes sobre esta práctica.