4 de marzo de 2014

Fumar mucho de joven también puede provocar cambios estructurales en el cerebro

Fumar mucho de joven también puede provocar cambios estructurales en el cerebro
EUROPA PRESS

NUEVA YORK, 4 Mar. (Reuters/EP) -

Científicos del Instituto Semel de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), Estados Unidos, han visto que los jóvenes que fuman muchos cigarrillos presentan "claras" diferencias estructurales en su cerebro en comparación con quienes fuman poco.

Así se desprende de los resultados de un estudio que publica la revista 'Neuropsychopharmacology' que, aunque no confirman que haya una relación de causalidad, sí apuntan al daño cerebral que puede ocasionar el tabaco cuando se comienza a edades más tempranas.

De hecho, estudios previos en fumadores de más edad ya habían confirmado la existencia de diferencias estructurales en varias regiones de su cerebro, según ha confirmado Edythe London, autora de este estudio cuyos resultados sugieren que tales cambios podrían darse a corto plazo en caso de que el consumo sea muy elevado.

Para este estudio, London y su equipo de la UCLA analizaron los cerebros de 42 jóvenes de 16 a 21 años a través de imágenes obtenidas por resonancia magnética, al tiempo que se les preguntó si fumaban o tenían otros placeres, así como la frecuencia de su consumo.

De todos los participantes, 18 eran fumadores que de media habían comenzado a fumar a los 15 años, y cada día fumaban entre seis y siete cigarrillos.

Los investigadores no detectaron diferencias claras en el cerebro de los fumadores al compararlo con los de los no fumadores. Sin embargo, los fumadores los que decían fumar más solían tener una corteza insular más fina, una región de la corteza cerebral relacionada con la toma de decisiones. Principalmente en el caso de la corteza insular derecha.

Los autores recuerdan que en otros estudios ya se ha visto que esta región cerebral juega un papel central en la dependencia al tabaco, presentando una mayor densidad de receptores de nicotina en el cerebro.

Asimismo, también se ha observado una corteza insular más delgada en el cerebro de las personas que decían tener más ansiedad y sentirse más dependientes del tabaco.

"Dado que el cerebro está todavía en desarrollo, el tabaquismo durante este período es crítico porque puede producir cambios neurobiológicos que favorezcan una mayor dependencia del tabaco más tarde", reconoce London, añadiendo que dichos cambios también pueden favorecer la adicción a otras sustancias.

De hecho, reconoce que las personas que empiezan a fumar a edades más precoces parecen tener más problemas para dejar de fumar y tener más problemas de salud que los que comienzan más tarde.

No obstante, pese a estos vínculos, London y su equipo reconocen que el estudio sólo ha evaluado a los fumadores en un momento concreto, por lo que no se puede saber cómo evolucionaban sus cerebros. "Es posible que estos cambios se produjeran incluso antes de fumar", admite.