La dispraxia o síndrome del niño torpe

La dispraxia o síndrome del niño torpe
27 de diciembre de 2018 GETTY - ARCHIVO

MADRID, 27 Dic. (EDIZIONES) -

Que un niño muestre torpeza no debe ser motivo de preocupación a menos que ésta interfiera de forma visible en su desarrollo, en sus tareas y en su día a día. No obstante, desde la Academia Americana de Psicología Familiar advierten de que aproximadamente un 6 % de los niños tiene importantes problemas de coordinación que pueden interferir tanto en su desarrollo académico, como en su integración social.

Rosario Cazorla, especialista de la Unidad de Neuropediatría del Hospital Puerta de Hierro Majadahonda (Madrid), aclara a Infosalus que se trata de un trastorno del desarrollo de la coordinación, que también se conoce como 'torpeza motriz', o 'dificultad en el aprendizaje motor', entre otras denominaciones.

"Los niños con este trastorno tienen dificultad para el control del movimiento, mantener la postura, la conciencia del espacio y la integración entre la visión y la motricidad. Se manifiesta como torpeza (caídas o golpes), lentitud y poca precisión de las habilidades motoras (coger objetos, escritura, usar cubiertos, montar en bicicleta, deportes). Puede afectar asimismo al habla, a la emisión de sonidos y a la articulación de las palabras", precisa la experta.

Se enmarca dentro de los 'Trastornos del Neurodesarrollo' y se estima que entre un 5-6% de los niños en edad escolar está afectado, y los varones lo presentan con más frecuencia que las niñas, con una proporción de alrededor de 2 a 1. "La prematuridad, el bajo peso al nacer, la exposición a alcohol y drogas durante la gestación, y los eventos hipóxicos en el periodo perinatal aumentan el riesgo. Con frecuencia existe comorbilidad con el trastorno por déficit de atención con hiperactividad o TDAH (50% de niños con TDAH asocian dispraxia), trastorno del espectro autista (TEA), trastornos de aprendizaje y trastorno del lenguaje", precisa la especialista.

Sobre sus causas, Cazorla indica que "se piensa que en el trastorno del desarrollo de la coordinación subyace la disfunción de los circuitos entre cerebelo y otras regiones cerebrales, especialmente frontales y parietales".

Por otro lado, la experta del Hospital Puerta de Hierro destaca que los primeros signos evidenciados por padres y profesores aparecen en la edad preescolar y en Primaria. "El niño tropieza y se cae con frecuencia, tiene dificultad para aprender a saltar, nadar y montar en bicicleta, la dominancia manual es tardía, se le caen los objetos, la escritura es inmadura (a veces el primer signo de sospecha), no se le da bien dibujar, así como abrocharse los botones y las cremalleras. También se manifiesta este trastorno en su expresión verbal: habla con lentitud, tiene dificultad para suprimir la respiración y salivación durante el habla, y errores en la pronunciación", detalla.

Según admite, la dispraxia va a afectar su desarrollo cognitivo, afectivo y social, debido a las dificultades con la comunicación, en los deportes y a las actividades de la vida cotidiana. "Los deportes en grupo y aquellos con balón o pelota suponen un gran esfuerzo para ellos y motivo de frustración y de rechazo. Estas limitaciones repercuten en su desarrollo general y en el rendimiento escolar. Aunque muestren un desarrollo intelectual adecuado para su edad son lentos en las tareas, tienen bajo desempeño en algunas asignaturas como Arte, y problemas con la escritura y la lectura, por las dificultades en la visopercepción, en la coordinación óculo-manual y la motricidad fina", añade.

Cazorla describe también que los padres y profesores ven con frecuencia que los niños sujetan el lápiz con fuerza y se fatigan con rapidez. "Como consecuencia de la torpeza percibida en varios ámbitos de su vida, puede aparecer en ellos baja autoestima, sentimientos de ansiedad, problemas de conducta y un comportamiento más inmaduro", señala, resaltando por tanto que los padres, los profesores o los pediatras de Atención Primaria van a detectar en el niño la dificultad en la adquisición de las habilidades motoras básicas.

TRATAMIENTO

Así con todo, la especialista subraya que el tratamiento debe ser individualizado en el caso de cada niño, considerando los trastornos asociados, su edad y su capacidad cognitiva. "Hay que tener en cuenta la situación psicosocial del niño, el apoyo de los padres y el impacto en las actividades de la vida diaria. Los niños van a precisar tratamiento de terapia ocupacional, fisioterapia, logopedia y apoyo pedagógico", describe.

En concreto, señala que la terapia ocupacional desarrolla las habilidades, mediante el aprendizaje de estrategias, para mejorar el desempeño de las actividades diarias. En cuanto a la fisioterapia, Cazorla sostiene que ésta tiene como objetivo optimizar la movilidad mediante el entrenamiento de las funciones motoras y ejercicios de fortalecimiento. Mientras, dice que la logopedia trata los movimientos articulatorios para pronunciar fonemas y trabaja la secuenciación de sílabas para mejorar la expresión del lenguaje.

"Entre las intervenciones educativas se deben adaptar los materiales, y en algún caso los contenidos, entregar anotados los deberes, y dividir las tareas complejas en diferentes partes. Si hay problemas con la adquisición de la lectoescritura se ha de realizar apoyo pedagógico. Los padres han de conocer las dificultades de su hijo y se ha de compartir con sus profesores. Se realizarán adaptaciones en casa, facilitando funciones como vestirse, realizar actividades que le gusten al niño y reforzar su autoestima hablando al niño de sus fortalezas", concluye la experta del Hospital Puerta de Hierro.

Contador

Lo más leído