27 de agosto de 2019

Las decisiones arriesgadas dependen de las fluctuaciones de la dopamina en el cerebro

Las decisiones arriesgadas dependen de las fluctuaciones de la dopamina en el cerebro
Riesgo. Las decisiones arriesgadas dependen de las fluctuaciones de la dopamina en el cerebro.PIXABAY

MADRID, 27 Ago. (EUROPA PRESS) -

Las fluctuaciones espontáneas en la actividad del cerebro humano, vinculadas a los niveles cambiantes de dopamina, afectan sobre si tomamos decisiones arriesgadas, encuentra un nuevo estudio del University College de Londres (UCL) que han publicado en 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS), y que podría explicar por qué los humanos son inconsistentes y, a veces, irracionales.

"Los expertos han luchado durante mucho tiempo para explicar por qué las personas son tan erráticas, toman una decisión un día y la decisión opuesta otro día. Sabemos que el cerebro está constantemente activo, incluso cuando no estamos haciendo nada, por lo que nos preguntamos si esta actividad de fondo afecta nuestra toma de decisiones --explica el coautor del estudio, el doctor Tobias Hauser, del Instituto de Neurología Queen Square del UCL--. Parece que nuestro comportamiento inconsistente se explica en parte por lo que hace nuestro cerebro cuando no hacemos nada".

Los investigadores se centraron en las personas en estado de reposo (despiertos pero sin hacer nada). En reposo, el cerebro humano permanece activo, con fuertes fluctuaciones en la actividad que permanecen sin explicación.

Para el estudio, 43 personas completaron una tarea de juego mientras estaban en un escáner de resonancia magnética. Se les pidió que eligieran entre una opción segura (ganar una pequeña cantidad de dinero) y una opción arriesgada (apostar para tratar de obtener una mayor cantidad de dinero pero que si pierden no recibirían nada).

Los investigadores monitorizaron la actividad cerebral en el mesencéfalo dopaminérgico, el área del cerebro humano que contiene la mayoría de las neuronas de dopamina, un neurotransmisor conocido por desempeñar un papel en la toma de decisiones arriesgadas.

Siempre que la actividad en esa área del cerebro era muy alta o muy baja, se les pidió a los participantes del estudio que tomaran una decisión entre una opción riesgosa y una segura.

Los investigadores del Centro Max Planck para la Investigación en Psiquiatría y Envejecimiento Computacional y el Centro Wellcome para Neuroimagen Humana, ambos del UCL, encontraron que cuando esta área del cerebro estaba en un estado de baja actividad antes de que los participantes presentaran sus opciones, era más probable que eligieran la opción arriesgada que cuando sus cerebros estaban en un estado de alta actividad, mientras todavía estaban inactivos en el escáner.

Al evaluar el impacto de estas fluctuaciones cerebrales, los investigadores dicen que el tamaño del efecto es comparable a otros factores conocidos que afectan el comportamiento de riesgo, como los medicamentos que influyen en el neurotransmisor dopamina que las personas con enfermedad de Parkinson toman habitualmente. El efecto también es similar al envejecimiento: ser joven se asocia con una mayor toma de riesgos en comparación con ser anciano.

"Nuestros cerebros pueden haber evolucionado para tener fluctuaciones espontáneas en un área clave del cerebro para la toma de decisiones porque nos hace más impredecibles y más capaces de hacer frente a un mundo cambiante", explic el autor principal, doctor Robb Rutledge, del Instituto de Neurología Queen Square de UCL.

Los investigadores continuarán su investigación para descubrir si las variaciones en la actividad cerebral de fondo pueden tener otros impactos, y si podrían estar relacionados con otras afecciones médicas en caso de que los hallazgos eventualmente pudieran informar los enfoques de tratamiento, como el juego patológico.

"Nuestros hallazgos subrayan la importancia de tomarse el tiempo al tomar decisiones importantes, ya que podría tomar una decisión diferente si solo espera unos minutos", apunta el coautor principal, estudiante de doctorado del Instituto de Neurología Queen Square del UCL.

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