20 de julio de 2019

Cortes de digestión: mitos y realidades

Cortes de digestión: mitos y realidades
Niñas chapoteando en una piscina en verano.GETTY IMAGES / DAMIRCUDIC - ARCHIVO

MADRID, (EDIZIONES)

Los llamados cortes de digestión son uno de los fenómenos más temidos del verano por su relación con los baños estivales en piscinas o playas. Pero los cortes de digestión no sólo pueden ocurrir en verano, no sólo por acción del agua y la mayoría de las veces son reversibles.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que, pese a que muchas personas los consideran una creencia popular, sí existen. En concreto, un corte de digestión "es un fenómeno fisiológico que se desencadena frecuentemente después de una comida, habitualmente copiosa", explica en una entrevista con Infosalus el portavoz de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD), el doctor Francisco José García Fernández.

Sucede cuando "se le exige al organismo un requerimiento de sangre a otro lugar del organismo distinto al tubo digestivo", agrega el doctor García. Es decir, como cuando hay un cambio brusco de temperatura. Pero no sólo sucede en este supuesto, como suele creerse, sino que también puede desencadenar un corte de digestión la realización de actividad física vigorosa, puntualiza el experto.

El mecanismo es el siguiente. "Tras realizar la alimentación, el tubo digestivo precisa de gran aporte de sangre para poder realizar la digestión. La digestión es un proceso muy exigente, ya que no sólo hay que triturar la comida hasta hacerla una papilla y transportarla por el tubo digestivo, también hay que fabricar mucosidad y una serie de sustancias, como ácido, enzimas o bicarbonato, que posibiliten la fragmentación del alimento hasta partículas pequeñas que puedan ser absorbidas por el intestino", explica el especialista en Aparato Digestivo.

Después, "tras absorberse, estas partículas pasan a la sangre, y de ahí al hígado, donde se transforman y además limpian las toxinas que hayan podido absorberse", añade el doctor García. De este modo, "gran parte de la sangre disponible se concentra en el tubo digestivo, y es la misma razón por la que entra somnolencia tras una comida copiosa, por la necesidad del cuerpo de destinar toda la energía al proceso de la digestión", indica el experto.

Si mientras se realiza este proceso se exige al cuerpo que redirija una parte importante de la sangre y energía a otras localizaciones, la digestión se interrumpirá o no funcionará adecuadamente. "Además, el cuerpo no es capaz de redirigir tan rápidamente esta sangre a la otra localización, por lo que probablemente tampoco será capaz de conseguir su misión", apunta el doctor García.

En este contexto, "una de las causas más popularmente conocidas es el baño tras la comida, aunque es un poco más mito que realidad", especifica el portavoz de FEAD, que matiza que cualquier choque térmico durante la digestión puede provocar este fenómeno. Pero, en el caso de los baños, "al irrumpir de manera brusca en agua fría, el cuerpo necesita calor, por lo que intenta redirigir la sangre hacia la piel, pero al estar casi toda en el tubo digestivo, hay un insuficiente volumen sanguíneo", expone el experto.

Sin embargo, el doctor García insiste en que "esto no quiere decir en absoluto que esté prohibido el baño tras el almuerzo, esa es la parte de mito, lo que hay que intentar es reducir al máximo el choque térmico, introduciéndose poco a poco en el agua, empleando para ello varios minutos, de modo que el organismo vaya regulando el flujo sanguíneo y la temperatura de manera adecuada y se adapte a la temperatura del agua". Para ello se recomienda exponer primero las extremidades (tobillos, muñecas y nuca) a la nueva temperatura y, posteriormente, otras partes del cuerpo antes de introducirse completamente.

Por otra parte, es necesario saber que no sólo puede ocurrir en piscina o mar, sino que también puede ocurrir en casa, con un baño en bañera. "Si se produce un cambio de temperatura brusco e intenso el fenómeno es similar. Las precauciones son las mismas independientemente del lugar. En la bañera, intentar que el agua esté a una temperatura media e introducirnos poco a poco, dando tiempo al cuerpo a aclimatarse", según el experto.

En referencia a la actividad física, la causa es parecida. "El músculo necesita gran cantidad de sangre para oxigenarse y energía para realizar su función, y además se debe destinar bastante sangre a la piel para regular la temperatura por la sudoración", explica el experto de FEAD.

EL ALMUERZO SÍ ES LA COMIDA MÁS FRECUENTE, PERO NO LA ÚNICA

No obstante, que ocurran tras el almuerzo sí es lo más frecuente, ya que habitualmente es la comida más copiosa del día y aún se mantiene actividad tras realizarla. "Tras la cena es menos frecuente, dado que habitualmente se guarda reposo nocturno", distingue el experto. Pero puede suceder tras cualquier comida, hace hincapié el doctor García. "Teóricamente, puede aparecer tras cualquier comida de entidad si se producen las circunstancias desencadenantes.

Otros factores a los que hay que prestar atención son las comidas grasas, porque "pueden favorecerlo al precisar más energía para realizar la digestión", especifica el especialista en Aparato Digestivo, que avisa también de si se ha ingerido una cantidad excesiva de alcohol, "que tiene un efecto hemodinámico per se".

DESMITIFICAR EL MIEDO A LA MUERTE

En este sentido, el doctor García concede importancia a desmitificar, asimismo, el miedo a que un corte de digestión cause un evento mortal si se produce con un baño tras la comida. "La mayoría de las ocasiones son molestias que pueden ser bastante intensas y limitantes, pero habitualmente leves y reversibles con las medidas adecuadas", puntualiza el experto. Estas molestias suelen ser "mareos, visión borrosa, dolor abdominal, urticaria, náuseas, vómitos, diarrea, tiritona, piel fría y sudorosa e hipotensión", afirma el portavoz de FEAD.

No obstante, puede producirse un síncope, que es la más grave. "Las situaciones de mayor riesgo ocurren cuando se produce una pérdida de conciencia, dado que se puede uno golpear en la cabeza o bien, si está en una piscina o en el mar, provocar el ahogamiento", asegura el doctor García, que añade que el ahogamiento "es lo que popularmente más alarma produce".

Además, hay personas que tienen mayor riesgo de sufrir cortes de digestión o más graves que los demás. Son las que sufren "trastornos cardíacos y de circulación. En estos casos puede ocasionar arritmias o, incluso, fenómenos isquémicos, como infartos cardíacos o cerebrales", según el experto. Por otro lado, la toma de fármacos como antihipertensivos o antiarrítmicos pueden facilitar que estos trastornos aparezcan.

QUÉ HACER SI SE VE A ALGUIEN SUFRIRLO O LO SUFRE UNO

El doctor García proporciona una serie de consejos por si se ve a una persona sufrir un corte de digestión o lo sufre uno en primera persona. "En primer lugar, evitar consecuencias mayores, como caídas o ahogamiento, por lo que se deberá salir, sacar del agua y/o dejar el ejercicio que se estuviera practicando", comienza el experto de FEAD.

Después, hay que intentar evitar "que se provoque la hipotensión y el síncope, por lo que se debe tumbar a la persona y elevar las piernas para dirigir la sangre de las mismas al territorio general de manera que supla ese déficit de flujo sanguíneo", continúa el doctor García, que añade que el tercer paso es regular la temperatura corporal, "por lo que es conveniente cubrir a la persona con su ropa, una manta o lo que se tenga a mano".

Por último, si se ha realizado ejercicio intenso o se ha expuesto a altas temperaturas, se debe hidratar adecuadamente a la persona con bebidas a temperatura no fría, concluye el experto, que insiste en que "hay que ser prudentes, juiciosos y emplear el sentido común".

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