4 de agosto de 2015

¿Cómo convencer a los antivacunas?

MADRID, 4 Ago. (EUROPA PRESS) -

A veces resulta imposible convencer a alguien que cree que las vacunas causan autismo de que no es así. Sin embargo, los investigadores aseguran que han encontrado una manera de superar algunas de las actitudes antivacunas más arraigadas: recordar a los escépticos, con palabras e imágenes, por qué existen vacunas.

Los resultados de esta investigación han sido publicadas en la revista científica 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS).

El temor generalizado de vacunas tiene su inicio en 1998, cuando la revista médica 'The Lancet' publicó un estudio sobre 12 niños que pretendían vincular las vacunas contra el sarampión, las paperas y la rubéola con un inicio más tardío del autismo. El estudio fue refutado de forma rápida y con el tiempo se retiró, pero la idea de que las vacunas podrían poner en peligro la salud de los niños se quedó fijada en muchas personas.

Aunque todavía ocurren brotes, la mayoría de los padres jóvenes nunca han visto el sarampión, las paperas o la rubéola durante su vida, gracias en gran parte a la eficacia de las vacunas. Sin embargo, muchos han escuchado relatos de niños con autismo cuyas dificultades de comportamiento se hicieron evidente días, semanas o meses después de sus primeras vacunas.

Los padres que se niegan a vacunar a sus hijos a menudo se centran en los riesgos percibidos de vacunas, señala el estudiante graduado en la Universidad de Illinois (EEUU) Zachary Horne, quien ha llevado a cabo el nuevo estudio con el profesor de psicología de la Universidad de California, John Hummel, y el graduado en UCLA Derek Powell.

"Tal vez tenemos que dirigir la atención de la gente hacia el otro aspecto de la decisión --apunta Horne--. Es posible que se haya centrado en el riesgo de recibir la vacuna, pero también hay el riesgo en no recibirla :usted o su hijo podrían paceder el sarampión".

Aunque el sarampión y la rubéola han sido erradicados de Estados Unidos, las personas que viajan otras partes del mundo a veces traen estas enfermedades de origen e infectar otros, muy a menudo niños o adultos que no han sido vacunados. Un brote de sarampión 2014, por ejemplo, infectó a 383 personas en el Medio Oeste, muchos de ellos personas 'amish' sin vacunar en comunidades de Ohio.

Un anterior estudio intentó suavizar los puntos de vista anti-vacunación de las personas usando una variedad de enfoques, incluyendo afrontar los temores anti-vacunas y compartir información con base científica sobre los peligros de las enfermedades prevenibles. Todos los enfoques resultaron fallidos.

En el nuevo estudio, los investigadores probaron las opiniones de los 315 participantes sobre una serie de temas potencialmente controvertidos, incluyendo su actitud hacia las vacunas y su disposición a vacunar a sus hijos.

Los participantes fueron divididos aleatoriamente en tres grupos. En el primero miraron materiales desafiantes desde el punto de vista de la anti-vacunación. El segundo se centró en los riesgos asociados con el sarampión, las paperas y la rubéola: leyeron un texto escrito por una madre sobre la infección de su niño con sarampión; vieron imágenes de un niño con sarampión, un niño con paperas y un bebé con la rubéola; y leyeron tres advertencias cortas sobre de la importancia de vacunar a los hijos. Un tercer grupo, un grupo de control, leyó sobre un tema no relacionado con las vacunas.

Posteriormente, los participantes completaron de nuevo la evaluación sobre su actitud ante las vacunas y respondieron a preguntas acerca de sus comportamientos de vacunas del pasado y su intención de vacunar a sus hijos en el futuro.

"Hemos encontrado que al dirigir la atención de las personas a los riesgos planteados por no vacunarse, como la posibilidad de contraer el sarampión, las paperas y la rubéola y las complicaciones asociadas con estas enfermedades, se produce un cambio de actitud de las personas de manera positiva hacia la vacunación, incluso para los participantes más escépticos en el estudio -asegura Horne--. En realidad, el mayor efecto se produjo en las personas más escépticas".

"Evidentemente, los escépticos son los que tienen más espacio donde moverse, por lo que en ese sentido que hallazgo es menos sorprendente --admite Hummel--. Pero también es muy importante, porque esas son precisamente las personas que deseas que se muevan. Y ese es el resultado que realmente estábamos buscando".

Horne cree que el estudio se ha realizado correctamente, en parte, porque se dirigió a las principales preocupaciones de los padres: el bienestar de sus hijos.

"Las personas que temen a las vacunas en última instancia se están preocupando por la seguridad de sus hijos, por lo que nuestra trabajo se centró en la seguridad de sus hijos. Así que ahora no sólo tienen que tener en cuenta un enfoque a la hora de decidir sobre la vacunación de sus hijos, sino dos", concluye.