22 de marzo de 2019

Claves para controlar las rabietas de los niños

Claves para controlar las rabietas de los niños
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MADRID, 22 Mar. (EUROPA PRESS) -

Prácticamente desde el momento en el que nacen, los niños empiezan a mostras sus frustraciones, enfados o decepciones a través de gritos, llantos o pataletas, lo que comúnmente se conoce como rabieta de niño pequeño.

Las rabietas forman parte de la conducta del niño pequeño, especialmente alrededor de los tres años, según la Asociación Española de Pediatría (AEPED). La entidad agrega que "es la edad de la obstinación, de la tozudez y de la desobediencia".

"Hay niños que tienden a enojarse de forma puntual y que son capaces de controlar sus sentimientos pediendo la calma solamente en momentos ocasionales. Sin embargo, otros niños expresan su disconformidad de forma menos controlada", especifica la directora del Colegio Europeo de Madrid, Emma Pérez.

Lo importante, a juicio de la experta, es saber "más o menos interpretar la causa de estos berriches o rabietas". "Digo más o menos porque no se trata de una ciencia exacta y es que, muchas veces, como humanos, nos equivocamos por el mero hecho de que estos patrones de comportamiento no son fáciles de identificar", agrega Pérez.

Las rabietas pueden ser el resultado de un retraso en el desarrollo del lenguaje, aunque sea mínimo. Es decir, "que nuestro hijo presente una menor comprensión del lenguaje y no enienda qué es lo que se le está queriendo decir o no consiga expresar sus necesidades de forma más asertiva", indica Pérez.

Por otra lado, las rabietas pueden tener origen, dice Pérez, en la "causa-efecto de una repetición de patrones, es decir, si en alguna ocasión tras una rabieta un niño se vio recompensado, aprende a repetirla porque sabrá que, a través de estas, consigue salirse con la suya". Por último, pueden ser resultado de frustraciones, como el cansancio.

Emma Pérez proporciona cinco claves básicas para poder controlar las rabietas de los niños pequeños e incide en que "el papel de los padres y los adultos que les rodean es fundamental". "Aunque nos invada un sentimiento de disgusto o malestar, debemos entender que para los más pequeños aprender a controlar sus emociones se convierte en un proceso de aprendizaje sobre el autocontrol", añade.

Además, la directora del Colegio Europe de Madrid ha aludido a la dificultad de saber dirigir estas rabietas, tanto para los niños como para los padres, "y es aquí donde la paciencia de los progenitores tendrá un papel protagonista para conseguir que estas habilidades puedan desarrollarse con éxito".

1. En estos momentos es trascendental la imposición de límites, el conocimiento de las normas, el cumplimento de las reglas básicas del hogar y la complicidad entre los padres.

Para la aplicación de estos límites, es básica la objetividad, es decir, marcarlos de una forma concreta con órdenes claras y específicas.

Otra forma de limitar a los hijos pero otorgándoles el poder de decisión para que ellos sientan que tienen parte del control es dándoles la oportunidad de elegir entre dos opciones: 'Tienes que llevar abrigo, ¿prefieres el marrón o el rojo?'.

Pérez se ha referido, además, a la firmeza, que se puede demostrar a través de un tono de voz seguro pero nunca con gritos, y con un gesto facial serio para que sean ellos los que entiendan que no es momento de bromear.

2. Es muy importante ganarse la confianza de los niños y esto sólo es posible a través de la verdad. Decirles la verdad creará un vínculo difícilmente disoluble entre padres e hijos porque se sentirán valorados y cercanos a sus referentes paternos.

3. Es fundamental prestarle la menor atención posible al niño cuando esté enrabietado, incluso ignorarlo. En este momento el niño está demanda atención y aquí el papel del adulto será desviarla. Lo más eficaz es no hacerles caso para que entiendan que esa no es la actitud correcta para conseguir nada.

4. Cuando el berrinche se prolonga demasiado tiempo o el niño comienza a tener comportamientos demasiados agresivos, se le puede aislar en un lugar donde se sienta seguro, como su habitación, para que consiga tranquilizarse. Pasados unos minutos puede volverse a hablar con él intentando desviar su atención del motivo de su frustración.

5. No castigar al niño por un berrinche, ya que son fruto de un mal estar y de su desconocimiento de ciertos comportamientos. Cuando comience a ceder el llanto, puede atenuarse ese buen comportamiento a través del refuerzo positivo, pero nunca jamás premiándole, porque el niño debe discernir sus malos comportamientos de los correctos.

"Es normal que los niños sufran este tipo de rabietas cuando son pequeños, forma parte del proceso madurativo y del desarrollo de su autocontrol. Saber encauzarlo es un trabajo en el que la paciencia de los padres es esencial y si la utilizamos conseguiremos muy buenos resultados", ha concluido Pérez.

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