Científicos del CNIC detectan un mecanismo que hace que la válvula aórtica sea bicúspide

Investigadores del CNIC
CNIC/ALEX ONCIU
Actualizado: lunes, 25 abril 2016 13:43

   MADRID, 25 Abr. (EUROPA PRESS) -

   Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) han demostrado el papel crucial que juega la vía de señalización NOTCH en el desarrollo de las válvulas cardiacas del corazón, lo que podría servir para mejorar el diagnóstico y el tratamiento de la válvula aórtica bicúspide, enfermedad congénita que afecta al 1-2 por ciento de la población.

Estas válvulas se encargan de controlar el flujo unidireccional de la sangre con cada latido cardíaco, y se abren y cierran millones de veces durante la vida de una persona. Y según el hallazgo publicado en la revista 'Circulation Research', esta vía es clave para la formación de las válvulas primitivas en el embrión temprano y, posteriormente, para que las válvulas maduras adquieran su forma definitiva.

   En concreto, han identificado un nuevo mecanismo molecular regulado por NOTCH que controla la proliferación del tejido durante el desarrollo tardío de la válvula. Y han visto que las alteraciones en genes de dicha vía inactivan este control sobre la proliferación, por lo que las válvulas en maduración crecen en demasía.

   Esto hace que las tres hojas de la válvula aórtica original se fusionen en dos, dando lugar a una válvula aórtica bicúspide (BAV) en vez de tricúspide, que es la situación normal.

   Además de ser el defecto cardíaco congénito más frecuente, este trastorno predispone a la calcificación valvular prematura, por lo que la válvula enferma ha de ser reemplazada quirúrgicamente a una edad relativamente temprana (30-40 años).

   Esta enfermedad congénita suele afectar más a los varones que a las mujeres (3 hombres por cada mujer). Sin embargo, como señala Donal MacGrogan, primer autor del trabajo, la BAV no sólo es un problema aislado de la formación de las válvulas, sino que suele afectar también al desarrollo de la aorta.

   Por eso, subrayan los investigadores del CNIC, el hallazgo podría tener importantes implicaciones clínicas, tanto para el diagnóstico genético precoz, como para la clasificación de los pacientes con malformaciones de las válvulas cardiacas y, para el eventual desarrollo de terapias encaminadas al control del sobrecrecimiento valvular.