3 de diciembre de 2015

El autocontrol de los niños de 3 años, como el de un chimpancé

El autocontrol de los niños de 3 años, como el de un chimpancé
PIXABAY/PIXEL-MIXER

MADRID, 3 Dic. (EUROPA PRESS) -

Los niños de tres años controlan sus impulsos prácticamente de la misma forma que lo hacen los chimpancés, mientras que a los seis años ya tienen una mayor capacidad de autocontrol, según los resultados de un estudio del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania) en el que ha participado la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

En el trabajo, cuyos resultados publica la revista 'Developmental Science', incluyó una batería de pruebas realizadas en 65 niños y niñas de tres y seis años y en 34 chimpancés, y entre las causas que barajan los autores para explicar este cambio entre una edad y otra está la enseñanza activa de este tipo de habilidades de control por parte de padres, madres y otros adultos.

La capacidad de controlar los impulsos está relacionada con la capacidad de los niños a adaptarse a nuevas situaciones sociales, como puede ser el colegio o las relaciones con nuevos amigos.

"La interacción o cooperación con otros posiblemente implica la inhibición de impulsos como 'coger lo que uno quiera' o 'ser el primero en todo'", ha explicado Victoria Hernández Lloreda, investigadora del departamento de Metodología de las Ciencias del Comportamiento de la UCM y una de las autoras del estudio.

Y la cultura humana influiría en el desarrollo de esta capacidad permitiendo a los niños adaptarse a nuevas situaciones sociales y facilitando la resolución de diferentes tareas cognitivas.

Entre las pruebas realizadas a los niños, todos de nacionalidad alemana, y a los chimpancés, de la isla de Ngamba en Uganda, se midió su timidez, temor, impulsividad, rigidez, concentración y persistencia ante distintos objetos y situaciones. Además, las actividades se adaptaron a las diferentes especies para que fueran equivalentes.

Por ejemplo, en la prueba que analizaba la impulsividad, a los participantes se le presentaban recompensas en pequeñas cantidades a las que podían acceder de forma rápida (recorrido corto) frente a cantidades mayores pero más alejadas (recorrido largo).

En este caso, a los niños se les dibujaron diferentes caminos en el suelo de la habitación que tenían que seguir para poder alcanzar los diferentes premios. Para los chimpancés, dado que habría sido muy difícil instruirlos en seguir un recorrido pintado para alcanzar su objetivo, las recompensas se distribuyeron en diferentes habitaciones, a las que podían tener acceso eligiendo entre una habitación más cercana con un menor premio o una más alejada pero con uno mayor.

RECOMPENSAS DISTINTAS SEGÚN LA ESPECIE

Las recompensas también eran distintas para atender a las diferentes motivaciones y características de las especies. Mientras que a los niños se les premiaba con fichas que luego eran canjeadas por regalos, la recompensa para los chimpancés eran trozos de plátano y pasas.

De las seis pruebas, dos de ellas analizaron cómo reaccionaban los participantes ante cambios en el entorno (lo que se conoce como reactividad). La conclusión fue que los niños de seis años mostraban una mayor respuesta de rechazo que los chimpancés hacia la novedad y hacia objetos potencialmente amenazantes para ver si registraban una mayor reactividad.

Sin embargo, manejaban mejor esta reacción que los animales, mostrando una mayor capacidad de autocontrol. Los niños de tres años registraron una posición intermedia.

"Este es el primer estudio donde se compara de forma sistemática, a través de una amplia batería de test, las dos grandes dimensiones del temperamento (reactividad y autorregulación) en niños y chimpancés", ha subrayado la investigadora española.