30 de julio de 2014

Aprender a controlar los impulsos y canalizar las emociones resulta clave en el tratamiento de la piromanía

Aprender a controlar los impulsos y canalizar las emociones resulta clave en el tratamiento de la piromanía
MAGRAMA

MADRID, 30 Jul. (EUROPA PRESS) -

A la hora de tratar a personas con piromanía es imprescindible controlar sus impulsos y canalizar de forma correcta sus emociones ya que no es fácil enseñar a las personas a reconocer y exteriorizar emociones correctamente, interactuar con los demás y percibir que no son una amenaza.

Muchas veces el tratamiento de este tipo de pacientes resulta muy complicado debido a la falta de motivación por lo que el internamiento en una cárcel es el medio más eficaz para evitar que repitan sus actos. Por ello siempre es mejor tratar este tipo de casos cuando la persona es más joven advierte el director del Máster de Psicología Clínica y de la Salud de la Universitat de València, el psicólogo José Gil-Martínez.

Las características esenciales de la piromanía son la provocación de incendios en más de una ocasión, la fuerte tensión o activación emocional antes de cometer el incendio, la fascinación, el interés o la curiosidad por el fuego y por las actividades y equipos diseñados para combatirlos, y el placer cuando se provoca un fuego.

"En muchas ocasiones, el pirómano aprende a eliminar sus emociones negativas mediante el fuego, sin preocuparle las consecuencias punitivas que de ello se desprendan. La liberación de la tensión es tan grande y placentera que el castigo no tiene el suficiente efecto negativo", señala Gil-Martínez.

FACTORES DE LA PIROMANÍA

Existen factores biológicos que favorecen el desarrollo de este trastorno. Así, según los expertos, "diversos estudios han mostrado que algunas regiones cerebrales específicas como el sistema límbico están relacionadas con actividades impulsivas y violentas, mientras que otras regiones se asocian a la inhibición de tales conductas".

Las hormonas como la testosterona también están relacionadas con conductas violentas y agresivas, mientras que la serotonina actúa como mediador en los síntomas que aparecen en los trastornos del control de los impulsos.

Según Gil-Martínez, "las estrategias educativas inadecuadas, castigos desproporcionados, escasos estímulos a los logros y las críticas destructivas improcedentes" favorecen a la aparición de la piromanía.

También es habitual en los pirómanos que tengan un coeficiente intelectual bajo asociado a una falta de atención y a la hiperactividad. Además suelen ser introvertidos, inestables y con una tendencia a reprimir emociones.