4 de agosto de 2015

Un exceso de proteínas en los niños aumenta el riesgo de obesidad

Un exceso de proteínas en los niños aumenta el riesgo de obesidad
FEN

MADRID, 4 Ago. (EUROPA PRESS) -

Muchos padres están equivocados en las bases de una correcta alimentación de los menores por pensar que las proteínas son uno de los alimentos más necesarios después de que, un estudio llevado a cabo por Alsalma y desarrollado por Danone Nutricia analizase los hábitos nutricionales de niños españoles de edades comprendidas entre los 0 y los tres años y, que ha demostrado que los niños de entre 1 y 3 años que comen 4 veces más proteínas a la cantidad recomendada, tienen más posibilidades de padecer en el futuro enfermedades cardiovasculares y desarrollar obesidad.

Desde las familias es donde se debe generar la educación de la alimentación ofreciendo a los niños todo tipo de alimentos nuevos para que los reconozca, los pruebe, le gusten y se lo coma. Sin embargo este proceso necesita tiempo, paciencia y varias repeticiones y su fracaso representa la tercera causa de visita a los pediatras.

Este desarrollo puede suponer muchos intentos frustrados, pero los padres deben ofrecer pequeñas cantidades de alimentos los cuales suelen rechazar, alrededor de dos o tres veces a la semana. Se necesitan hasta quince intentos para que el niño pruebe el nuevo alimento y muy probablemente tenga que comerlo varias veces para que lo acepte y le guste.

Algunos niños pueden presentar neofobia la primera vez que tienen delante un nuevo alimento. Por esto algunos menores rehuyen de ciertas comidas como un mecanismo de defensa para proteger la especie al evitar peligros desconocidos y siendo esto un fenómeno universal en todo el reino animal, según explica la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria.

El pediatra británico Ronald Illingworth ha señalado diversos errores de los padres en el aprendizaje alimenticio. Por ejemplo, distraer al niño para que coma poniéndole la televisión o con cuentos, intentar convencerlo o persuadirlo con premios o castigos, el chantaje, forzarlo físicamente para meterle la comida en la boca, amenazarlo con cosas que le pueden pasar si no come, dejar que decida el niño lo que quiere comer o darle de comer entre horas para que no pase hambre son actitudes que no se pueden tomar.

Los niños aprenden por imitación de los padres, tanteo y repetición. Por este motivo los progenitores deben ser el ejemplo de sus hijos y establecer unas rutinas con un horario, un lugar y unas normas como recoger los juguetes antes de comer, lavarse las manos, poner la mesa, que todos coman lo mismo y cepillarse los dientes a posteriori entre otros. Esta coordinación educativa facilita a la familias la inserción de nuevos hábitos.

Sin embargo, la falta de coordinación educativa genera actitudes retadoras atípicas por parte de los menores como manías al comer, por lo que comen siempre el mismo alimento; huelgas de hambre para no tomar lo que hay y por lo que se deben fijar límites de tiempo y si no retirar el plato; hábitos televidentes que son negativos porque se debe hablar mientras se come y los hábitos quejumbrosos en la mesa por los que hay quejas y malos comportamientos, con lo cual el niño debe retirarse de la mesa y no comer nada hasta la próxima cita.

La dieta blanca es otra manía frecuente por la que el niño solo come pasta, leche, patatas... y por el que no se debe insistir en lo malo que es porque solo se acentuará su comportamiento y por último el miedo a nuevos alimentos, por el que nunca hay obligar al menor a comer algo novedosos que no quieran porque eso acrecienta su rechazo.

Por lo tanto, los buenos hábitos se adquieren con tiempo, tanteo y repetición y para ello es necesario paciencia, sin obligar ni forzar al menor y tener en cuenta que la imitación es la forma habitual de aprender de los niños.