23 de abril de 2016

¿Qué es un mioma uterino?

¿Qué es un mioma uterino?
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   Se trata de una tumoración benigna de músculo liso del útero muy frecuente, que puede afectar al 50% de las mujeres que han llegado a la menopausia aunque solo una parte de ellas presente dolor o sangrado. En mujeres jóvenes, el trastorno es destacable porque puede impedir la gestación pero en muchos casos el mioma es detectado durante una revisión ginecológica sin que la paciente haya sentido síntomas de su presencia.

MIOMAS UTERINOS

   Según explica a Infosalus el doctor Javier Monleón, especialista de Ginecología del Hospital La Fe de Valencia, aunque se trate de una afección benigna que no degenera en patologías más graves, se trata de un trastorno que altera en gran medida la calidad de vida de las mujeres ya que puede ocasionar sangrados y dolor que ocasionan malestar al interrumpir las rutinas diarias laborales o sociales, bajas laborales o incluso anemias.

   El mioma aparece por una alteración cromosómica de un grupo de células del músculo liso uterino, que se desordena y empieza a crecer de forma anómala. Genera una masa esférica independiente de otras células normales y, sobre todo, ocasiona problemas con la regla.

   Se desconocen sus causas aunque se sabe que existe cierta relación hereditaria y también que en las mujeres de raza negra existen más miomas, aparecen antes y son de mayor gravedad. "Al depender de las hormonas femeninas cuando llega la menopausia los miomas dejan de crecer e incluso pueden menguar un poco y atrofiarse. Además, al no haber reglas, dejan de producirse los sangrados", comenta el doctor Monleón.

ÉPOCA FÉRTIL Y PERIMENOPAUSIA

   El mioma presenta dos momentos fundamentales de incidencia y de impacto en la vida de las mujeres: entre las jóvenes que desean quedar embarazadas y las más cercanas a la menopausia que presentan síntomas graves.

   En las mujeres más jóvenes, la repercusión de la enfermedad es mayor cuando desean quedarse embarazadas y no pueden hacerlo debido a la existencia de uno o varios miomas. Estos casos son poco frecuentes pero constituyen un grupo de pacientes destacado por las consecuencias de una patología considerada benigna.

   Por otro lado, los miomas se detectan sobre todo en las mujeres perimenopáusicas, entre los cuarenta y algo y los cincuenta y pocos, época en la que empiezan los sangrados desordenados, las hormonas ya no circulan de la forma habitual y se producen irregularidades menstruales, aspectos que ocasionan más síntomas y malestar cuando existen miomas.

   El aspecto más positivo es que, dado que los miomas dependen de las hormonas femeninas, al llegar la menopausia estas tumoraciones benignas dejan de crecer en la mayoría de los casos e incluso pueden menguar de tamaño, y los síntomas como los sangrados desaparecen o se atenúan en gran medida.

   El diagnóstico se realiza con ecografía, para determinar el número de miomas así como sus localizaciones. Es una prueba precisa y satisfactoria para esta patología.

   Hay que descartar la posibilidad de aparición de un sarcoma uterino, un tumor que es muy similar al mioma pero maligno y muy agresivo y de muy escasa frecuencia (un caso por cada 2.000 miomas operados). Aunque esta grave patología puede no presentar diferencias con el mioma en pruebas sanguíneas o de resonancia magnética, para su diagnóstico se tienen en cuenta factores de riesgo como la edad, su vascularización, forma, alteraciones y comportamiento.

OPCIONES QUE EVITAN LA INTERVENCIÓN

   Más del 50% de los miomas no requieren de intervención quirúrgica y sí de un seguimiento para observar su evolución, que dependerá de la edad de la mujer, el tamaño del mioma y los síntomas que ocasiona.

   Este seguimiento dependerá de las características del mioma o miomas, la edad de la paciente, el deseo de embarazo, la elección de la mujer o el tratamiento que se siga para la afección. En los casos en los que la mujer haya superado la menopausia y se observe que el mioma no ha crecido no se considera necesario el seguimiento a no ser que vuelvan a reaparecer alguno de los síntomas.

Se detectan sobre todo en las mujeres perimenopáusicas

   Si por tamaño o localización en el útero el mioma produce alteraciones importantes en la calidad de vida la mujer debe recibir un tratamiento, en el que existen varios niveles: tratamiento sintomático, dirigido a evitar el sangrado y el dolor con fármacos específicos; otro tratamiento farmacológico como el acetato de ulipristal que actúa directamente sobre el mioma, reduciendo el tamaño y con ello el sangrado y el dolor; y si a pesar de todo ello, el mioma es de tamaño grande, produce hemorragias importantes, altera la calidad de vida o impide el embarazo hay que operarlo.

   Otras opciones son la embolización de las arterias uterinas, que supone obliterar esas arterias y disminuir el aporte de sangre al mioma para que no siga creciendo o quemar el mioma con ultrasonidos u ondas de radiofrecuencia. Se trata de dos métodos menos utilizados, ya que lo más habitual es la cirugía.

UNA INTERVENCIÓN QUIRÚRGICA A VALORAR

   Para intervenir un mioma primero se debe indicar la operación porque esté afectando a la estructura del útero y provocando esterilidad de la paciente o sintomatología importante con dolor y sangrado en una paciente que no desea embarazo.

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   Dependiendo de la localización del mioma y de su tamaño existen dos vías: la histeroscópica, en la que se accede por vía vaginal a la cavidad uterina y se pueden alcanzar así los miomas que están hacia el interior del útero; y la vía laparoscópica o laparotómica en la que se accede a través de la cavidad abdominal a los miomas que crecen desde la pared del útero hacia el exterior.

   Según la situación, tamaño o localización se opta por un acceso u otro. Los especialistas prefieren la laparoscopia frente a la laparotomía por evitar la incisión abierta convencional ya que mejora el tiempo de recuperación y el resultado estético. Además, cuando el mioma requiere la vía abdominal la opción de extirpar el útero entero (histerectomía) si ya no hay deseo de embarazo es la más recomendada ya que puede resultar una intervención menos agresiva que eliminar sólo los miomas y evita la posibilidad de su reaparición.

MIOMAS Y EMBARAZO

   Hay que tener en cuenta que si la miomectomía (extirpación de los miomas) se realiza en una persona joven y dado que la edad del primer embarazo se ha retrasado, es probable que los miomas vuelvan a aparecer y requieran de una segunda intervención. Según su tamaño o localización se aconseja operar antes de un embarazo aunque el doctor Monleón recuerda que extirpar un mioma supone dejar una cicatriz en el útero, algo que también hay que tener en cuenta de cara a una futura gestación.

   En el embarazo se pueden presentar toda una serie de problemas como más riesgo de aborto o de parto prematuro, además, durante el primer trimestre los miomas suelen crecer de forma importante. Todo ello hay que valorarlo pero teniendo en cuenta también que una cirugía uterina genera cicatrices, posibles problemas y posibles roturas uterinas: es tema del especialista que evalúe a la paciente y sus riesgos.

   "Es una patología que requiere pensar en la mujer, en su plan de vida, si desea embarazo o no, su edad, la vida que hace y su opinión. Es fundamental informar bien sobre las opciones de tratamiento y sus pros y sus contras y dejar a la paciente que decida", concluye el doctor Monleón.


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