4 de julio de 2015

Comer la placenta tras el parto, ¿una moda saludable?

Comer la placenta tras el parto, ¿una moda saludable?
GETTYMARTIN VALIGURSKY

   MADRID, 4 Jul. (INFOSALUS) -

   Comer la placenta tras el parto, lo que se conoce como placentofagia, se ha convertido en una moda entre las celebridades que acaban de ser madres. Mujeres famosas como Kourtney Kardashian, Jennifer López y Alicia Silverston han alabado los beneficios para la salud de su ingesta.

   La información sobre ésta moda se ha multiplicado en los últimos años gracias a las redes sociales y, en gran medida, a la irrupción de la medicina alternativa. Es fácil encontrar información en Internet sobre esta práctica, sin embargo son pocas las webs que dan acceso a investigaciones científicas donde se confirmen clínicamente los beneficios.

   Entonces, ¿es bueno o malo comerse la placenta? Esta es la pregunta que se ha hecho un equipo de médicos de la Universidad de Northwestern, en Evanston, Illinois, Estados Unidos, que han realizado una revisión de diez estudios de investigación publicados sobre placentofagia.

   La conclusión principal es que no encontraron ningún dato humano o animal que apoye la idea de que comer la placenta (ya sea cruda, cocinada o encapsulada) proteja contra la depresión post-parto; reduzca el dolor tras el alumbramiento; aumente la energía de la madre; ayude con la lactancia; promueva la elasticidad de la piel; mejore la vinculación madre-hijo, o que reponga el hierro en el cuerpo.

   Más preocupante todavía es que no hay estudios que examinaran el riesgo de ingerir la placenta, que actúa como un filtro para absorber y proteger al feto en desarrollo de las toxinas y los contaminantes, alertan los científicos, cuyo trabajo se publica este jueves en 'Archives of Women's Mental Health'.

   "Hay una gran cantidad de informes subjetivos de mujeres que perciben beneficios, pero no ha habido ninguna investigación que analice los beneficios o el riesgo de la ingestión de la placenta", destaca la autora del estudio, Crystal Clark, profesora asistente de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento en la Universidad de Northwestern.

   "Los estudios en ratones no son traducibles en beneficios humanos", subraya esta psiquiatra especializada en trastornos del estado de ánimo relacionados con la reproducción en el Center Asher para el Estudio y Tratamiento de los Trastornos Depresivos de la Universidad de Northwestern. Se desconoce el riesgo de la placentofagia para las mujeres que la comen y para sus hijos, si les están dando pecho.

   "Nuestra sensación es que las mujeres que eligen la placentofagia, que deberían ser muy cuidadosas con lo que meten en sus cuerpos durante el embarazo y la lactancia, están dispuestas a ingerir algo sin evidencia de sus beneficios y, lo más importante, de sus riesgos potenciales para ellas mismos y sus lactantes", señala la psicóloga Cynthia Coyle, también autora del trabajo y miembro de la Facultad Feinberg de Medicina de Northwestern.

   "No hay regulaciones sobre cómo se almacena la placenta y se prepara, y la dosificación es inconsistente. Las mujeres realmente no saben qué están ingiriendo", apunta. Según esta experta, se necesita investigación para proporcionar respuestas.

   Coyle espera que el estudio incentive conversaciones entre las mujeres y sus médicos acerca de sus planes después parto y sus intenciones con la placenta del bebé, de modo que los médicos puedan informar a sus pacientes sobre las evidencias científicas que hay para ayudar a la paciente en su proceso de toma de decisiones.

LA PLACENTOFAGIA

   Clark se interesó en la placentofagia después de algunas de sus pacientes embarazadas le preguntaran si comer sus placentas podría interferir con sus medicamentos antidepresivos. Esta doctora no estaba familiarizada con la práctica y comenzó a preguntar a otras de sus pacientes al respecto. "Me sorprendió que era más generalizado de lo que esperaba", afirma Clark.

   Aunque casi todos los mamíferos placentarios no humanos ingieren su placenta después del parto, los primeros relatos documentados de mujeres que después del alumbramiento practicaron la placentofagia son de América del Norte en la década de 1970, según el estudio. En los últimos años, los defensores y los medios de comunicación han popularizado beneficios para la salud de esta práctica, y más mujeres la están considerando como una opción para la recuperación postparto.

   "La popularidad se ha disparado en los últimos años. Nuestra sensación es que las personas no están tomando esta decisión sobre la base de la ciencia o de hablar con los médicos. Algunas mujeres están haciendo esto basándose en noticias de prensa, blogs y páginas web", concluye.


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