Así protegen las hormonas a las mujeres de las enfermedades cardiovasculares

Es la primera causa de muerte en las mujeres

Así protegen las hormonas a las mujeres de las enfermedades cardiovasculares
28 de septiembre de 2018 GETTY//MONKEYBUSINESSIMAGES - ARCHIVO

MADRID, 28 Sep. (EUROPA PRESS) -

El cardiólogo del Hospital Vithas Nisa 9 de Octubre Alberto Berenguer ha recordado, con motivo del Día Mundial del Corazón, que se celebra este sábado, que las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en mujeres, y son responsables de casi un 40 por ciento de los fallecimientos.

"Tradicionalmente, los episodios isquémicos del corazón (infarto de miocardio y angina de pecho principalmente) han estado asociados al hombre. Sin embargo, en los últimos años, se ha observado un incremento preocupante en la prevalencia de este tipo de patologías en la mujer", señala el experto.

Precisamente debido a esta circunstancia histórica, lamenta que la mujer "ha sido relegada" en los distintos estudios para combatir la enfermedad y, en consecuencia, está "poco representada" en los distintos ensayos clínicos, que "no se han parado a atender las características específicas de la población femenina y su respuesta a los distintos tratamientos y terapias". "Es una realidad que en materia de patología cardiovascular la inclusión de mujeres en estudios de hipertensión, diabetes e ictus no alcanza el 40 por ciento, y en enfermedad coronaria apenas un 25 por ciento", ha agregado.

Esta infrarrepresentación o 'marginación científica', unido al infradiagnóstico e infratratamiento, "porque los síntomas en la mujer no son tan evidentes como en el hombre y, además, la cardiopatía isquémica aparece en la mujer de forma más tardía que en el hombre", complican el pronóstico, a juicio del experto.

Así, apunta que, pese a la "protección natural" que confieren las hormonas sexuales femeninas, este efecto se contrarresta por el tabaquismo y otros hábitos de vida desfavorables. "La incorporación de la mujer al mercado laboral, unos ritmos de vida cada vez más acelerados y, principalmente el tabaquismo, están detrás del deterioro en la salud cardíaca de las españolas", analiza.

En este sentido, Berenguer ha remarcado la importancia de "abandonar el hábito de fumar, controlar la hipertensión y los niveles de colesterol, y realizar ejercicio diario". "Hay estudios que demuestran que los niveles de estrés no son los responsables directos de un deterioro en la salud del corazón, pero sí los hábitos que suelen caracterizar la jornada laboral de un ejecutivo: comer rápido y mal, jornadas maratonianas en la que no hay tiempo para el ejercicio físico, tabaco, etcétera", ha añadido.

PROTECCIÓN HORMONAL

La capacidad de la mujer para escapar en edades tempranas a un infarto o una angina de pecho le viene dada por su sistema hormonal, de tal forma que los estrógenos le protegen frente a este tipo de accidentes cardiovasculares. Y así, afirma el doctor Berenguer, "el hombre está mucho más expuesto a sufrir un episodio isquémico, mientras en las mujeres la menopausia supone el punto de inflexión".

"El problema surge con la menopausia, proceso que supone un descenso en picado del nivel de estrógenos y que deja a la mujer 'desprotegida', de tal forma que lo que en principio parece una ventaja puede volverse en contra, ya que la mujer empieza a sufrir ataques a su salud cardíaca una media de diez años después del hombre, cuando ya su salud general está más deteriorada y complicaciones propias de la edad avanzada como la hipertensión, colesterol, etc. pueden agravar el pronóstico", argumenta.

A esto, agrega que "tampoco ayuda" el hecho de que, tras un infarto o una angina de pecho, la mujer deje pasar más tiempo hasta llegar al hospital, "algo que sucede porque los síntomas no son tan marcados como en el hombre". "En la mujer, el típico dolor torácico que se irradia al brazo y que pone en jaque a quien lo padece y a quienes lo rodean, no suele ser tan marcado, si bien sí que se da, pero no de forma tan intensa", valora Berenguer.

A continuación, detalla que en la mujer la señal de alerta se manifiesta con fatiga, sudoración y, en ocasiones, dolor en el centro de la espalda, interpretándose como estrés o ansiedad, lo que retrasa el diagnóstico y el tratamiento.