2 de septiembre de 2015

Investigan cómo ralentizar la progresión Parkinson

MADRID, 2 Sep. (EUROPA PRESS) -

Expertos del Hospital General de Massachusetts (MGH, por sus siglas en inglés), en Boston, Estados Unidos, que investigan si el aumento de los niveles sanguíneos del urato antioxidante puede ralentizar la progresión de la enfermedad de Parkinson ha encontrado que los efectos neuroprotectores de urato se extienden más allá de sus propiedades antioxidantes.

En un artículo de la revista 'Neurobiology of Disease', informan que el urato también estimula las células del cerebro llamadas astrocitos para activar una importante vía antioxidante que se cree que tiene un papel en varias enfermedades neurodegenerativas.

El próximo año se comenzará a reclutar pacientes para un ensayo en fase III de un fármaco que eleva el urato, financiado por el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares (NINDS, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, y dirigido por el autor principal de este trabajo.

"Aunque se conocen bien las propiedades antioxidantes del urato, otros tratamientos antioxidantes directos como la vitamina E no han demostrado beneficios modificadores de la enfermedad en los ensayos clínicos de la enfermedad de Parkinson", señala el investigador principal de los ensayos clínicos de urato, Michael Schwarzschild, del Instituto de Enfermedades Neurodegenerativas de MGH.

"Esta nueva evidencia de un mecanismo molecular más matizado de neuroprotección inducida por urato aumenta el entusiasmo que ésta será una verdadera estrategia novedosa y no sólo otro antioxidante directo que no protege las células del cerebro que se degeneran en la enfermedad de Parkinson", resalta.

Con base en estudios epidemiológicos que indican que las personas con niveles naturalmente altos de urato tienen un menor riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson, Schwarzschild y sus colegas en MGH y en otros lugares mostraron previamente que la enfermedad parece progresar más lentamente en pacientes con niveles de urato superiores.

Aunque sus estudios también hallaron que el incremento de los niveles de urato tiene un efecto protector en modelos celulares y animales de Parkinson, otra evidencia --incluyendo un estudio de 2012 por el equipo de MGH-- insinuó que la protección es limitada sin la presencia de las células cerebrales en forma de estrella llamadas astrocitos. Este nuevo trabajo se diseñó para determinar la naturaleza de la contribución de los astrocitos a la neuroprotección inducida por urato.

Una serie de experimentos en células cultivadas confirmó que los astrocitos tratados con urato podrían proteger a las células liberadoras de dopamina de forma similar a las que están dañadas en el Parkinson del daño oxidativo. El análisis del líquido alrededor de los astrocitos reveló altos niveles de otro antioxidante llamado glutatión, que forma parte de una ruta controlada por una proteína llamada Nrf2.

Después de confirmar que la aplicación de urato aumentó significativamente la liberación de los astrocitos glutatión y la activación de la vía Nrf2, los investigadores también demostraron que la propiedad neuroprotectora del fluido que rodea las células se redujo de manera significativa si se eliminó el glutatión. Un siguiente paso importante, según Schwarzschild, será confirmar que la activación de Nrf2 en los astrocitos es una parte esencial de los efectos protectores de urato en un modelo animal de la enfermedad de Parkinson.

El ensayo de fase III del suplemento nutricional inosina, que se convierte en ácido úrico en el cuerpo, es el seguimiento del estudio de fase II, dirigido por Schwarzschild y sus colegas de la Escuela de Salud Pública de Harvard y el Centro Médico de la Universidad de Rochester, ambos centros en Estados Unidos. Publicado en 2013 y apoyado por la Fundación Michael J. Fox para la Investigación del Parkinson, este análisis de dos años confirmó que las dosis estudiadas elevaron con éxito los niveles de urato en 74 pacientes con Parkinson recientemente diagnosticados sin producir efectos secundarios graves.

"Llegar a un ensayo de fase III indica que la inosina se encuentra entre un pequeño grupo de candidatos terapéuticos para el Parkinson que se han mostrado lo suficientemente prometedores en estudios anteriores, así como una seguridad suficiente para justificar la gran inversión necesaria para poner a prueba la eficacia", afirma Schwarzschild, profesor de Neurología en la Escuela de Medicina de Harvard.

"Todavía nos enfrentamos a los grandes desafíos de la búsqueda de pacientes voluntarios adecuados y la realización rigurosa de la prueba, ya que se requiere demostrar claramente la eficacia de inosina contra la progresión de la enfermedad antes de que pudiéramos concluir que ha cumplido su promesa. Mientras tanto, tenemos que seguir advirtiendo a los pacientes y los cuidadores contra el uso de la inosina fuera de ensayos cuidadosamente diseñados, ya que el exceso de ácido úrico puede causar cálculos renales o gota", concluyen.

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