31 de enero de 2014

¿Medicamos en exceso a los niños?

¿Medicamos en exceso a los niños?
PÖLLÖ/WIKIMEDIA COMMONS

MADRID, 31 Ene. (EUROPA PRESS) -

   Llegan los meses de invierno y con ellos los virus que provocan tos, mocos y fiebre en los niños. Hacemos un repaso del uso y abuso de los medicamentos más utilizados por los padres y prescritos por los pediatras.

   Como regla general los medicamentos más empleados por los padres suelen dirigirse a aliviar los síntomas del niño. Antitérmicos, analgésicos, antitusivos y mucolíticos son los más utilizados y forman parte del botiquín que los padres mantienen en casa. En la mayoría de los casos estos medicamentos proceden de una prescripción médica anterior.

ANTITÉRMICOS, ANALGÉSICOS Y MUCOLÍTICOS

   Según explica Roi Piñeiro, miembro del Comité de Medicamentos de la Asociación Española de Pediatría, los antitérmicos como el paracetamol o el ibuprofeno se consideran eficaces si disminuyen en un grado o grado y medio la fiebre del niño. Piñeiro señala que es necesario erradicar el miedo a la fiebre que sufren muchos padres ya que no deja de ser un mecanismo de defensa del organismo ante los agentes infecciosos y que si no se deja actuar amplía el periodo de enfermedad. La fiebre actúa elevando la temperatura corporal, lo que dificulta la multiplicación de los virus en el organismo.

   En el caso de los jarabes mucolíticos, Piñeiro señala que su eficacia es muy baja y que no son más eficaces que el agua o los lavados con agua salina. En cuanto a los antitusivos, los medicamentos que se dirigen a mejorar la tos, explica que pueden ser contraproducentes.

   La tos es un mecanismo de defensa que ayuda a liberar los mocos del árbol bronquial y si se detiene su acción la enfermedad puede agravarse. Estos fármacos poseen además en algunos casos efectos sedantes entre los pequeños, que pueden empeorar también el estado de decaimiento habitual durante la enfermedad.

MÁS MIEDOS: BRONQUITIS Y AEROSOLES

   Los procesos catarrales más comunes son los que se dan en las vías respiratorias altas, sobre todo en la cavidad nasal, pero en ocasiones la infección se traslada a las vías respiratorias bajas, en la mayoría de los casos a los bronquios. Existe la creencia de que se puede impedir con medicamentos que el resfriado 'baje' a los bronquios y de lugar a la bronquitis, cuando en realidad lo que se tratan son los síntomas del curso normal de la enfermedad, que por sus características puede ser más o menos agresiva.

   Las bronquitis suelen dar lugar a dificultades respiratorias en los niños para lo que es habitual el uso de medicamentos broncodilatadores. El más utilizado es el salbutamol, el principio activo de la marca más conocida entre ellos, el Ventolin.

   Entre los más pequeños estos medicamentos se administran a través de máscaras de inhalación. Roi Piñeiro indica que el salbutamol sólo debe administrarse si existe una dificultad respiratoria que se aprecia en signos como las costillas marcadas, una respiración rápida o sibilancias, el sonido que hace el aire al pasar por los bronquios cerrados.

   Los medicamentos broncodilatadores como el salbutamol comienzan a funcionar unos 20 minutos después de la administración y facilitan la respiración durante unas 4 a 6 horas. Controlan los síntomas pero no curan. Sus efectos secundarios incluyen una aceleración del ritmo cardiaco de los más pequeños, lo que los vuelve más excitables y acelera todas sus actividades.

POCA CULTURA DEL MEDICAMENTO

   Aunque Piñeiro señala que existe una pobre cultura del medicamento en España, tanto entre los padres como entre los médicos, en términos generales explica que rara vez se produce un mal uso de un medicamento ya sea por parte de los progenitores o por la equivocación en la prescripción facultativa de una dosis. Es muy común aún que la aparición de un nuevo medicamento en el ya de por sí abultado botiquín familiar proceda de una conversación con los vecinos o con los padres de compañeros de clase.

   El experto sí alerta sin embargo sobre un avance preocupante de los medicamentos homeopáticos, cuyos efectos no están demostrados científicamente e incluso en muchos casos no pasan por los controles de calidad mínimos para salir al mercado.

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