30 de julio de 2019

¿Estamos tomando ansiolíticos por encima de nuestras posibilidades?

¿Estamos tomando ansiolíticos por encima de nuestras posibilidades?
Round white pills and plastic pill bottleGETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / A.KHORUZHENKO - ARCHIVO

MADRID, 30 Jul. (EUROPA PRESS) -

Francisco José Farfan Sedano, profesor de Farmacia de la Universidad Europea de Madrid, ha recordado que los ansiolíticos se deben usar, de forma justificada, en cortos periodos de tiempo para tratar estrés, ansiedad, un 'shock' o insomnio, pero no como "vía rápida" para solucionar otros problemas emocionales menores, que se pueden calificar como leves y ser resueltos con cambios de estilo de vida.

Según datos del Ministerio de Sanidad, un 5,5 por ciento de los españoles toman ansiolíticos a diario. El consumo se situó, de acuerdo con las últimas cifras disponibles en el tercer trimestre de 2016, en 56,55 DHD (dosis diaria definida por cada 1000 habitantes), lo que supone un aumento de más de seis puntos desde 2012, aunque los resultados ahora son similares a los registrados hace una década.

El experto reconoce que los datos internacionales, comparando a España con otros países del entorno, revelan que aquí "se consumen más". "Hay estudios publicados que vienen a decir eso. En España, los tomamos casi tres veces más que en Alemania o Reino Unido. Eso nos debería hacer pregutarnos si hay una verdad objetiva detrás de estos datos o no. En mi opinión, parece que no", apunta en una entrevista con Europa Press.

"No sé si tengo una razón objetiva para explicar la excesiva prescripción de ansiolíticos, pero es algo que se observa tanto en los datos de consumo anuales como en la realidad del día a día de la asistencia. Es cierto que el número de pacientes con tratamientos de estos fármacos se ha incrementado", reflexiona.

Farfan Sedano argumenta que, en las consultas y farmacias, cada vez más la gente reclama acabar con determinados estados de estrés, ansiedad, preocupación o insomnio, que pueden estar motivados por diferentes causas, a través de la vía farmacológica, que "es la más rápida para solucionarlos". "Esa demanda del paciente, unida a una posible presión asistencial del médico, no da las condiciones necesarias para reconducir el consumo con otro tipo de estrategias. A lo mejor por eso ha aumentado", hipotetiza.

En esta línea, considera que existe una "percepción subjetiva" de que se ha 'medicalizado' demasiado el tratamiento de situaciones que se podrían sobrellevar sin necesidad de fármacos. "Hay estudios que evidencian que ciertos pacientes desarrollan una cierta dependencia psicológica: 'si no me tomo la pastilla no voy a ser capaz de dormir', por ejemplo. Se han hecho programas con dos grupos de placebo y los pacientes podían dormir sin sustancia activa. En estos casos, puede ser importante la ayuda psicológica", afirma.

¿CÓMO LUCHAR CONTRA LA MEDICALIZACIÓN?

Sobre los usos de los ansiolíticos, señala que en mayores está más asociado a los hipnóticos, mientras que en edades adultas y jóvenes "se percibe más para reducir los niveles de estrés, por ejemplo". "Sí que es verdad que la excesiva prescripción de estos fármacos a largo plazo está desaconsejada, sobre todo en mayores, porque acarrean otros problemas como cognitivos y psicomotores", advierte.

También muestra su preocupación por su ingesta regular para dormir. "Se deberían utilizar durante un corto periodo de tiempo, como el fallecimiento de un familiar, o estrés puntual, con un tratamiento de unas pocas semanas y retirada gradualmente. Un consumo a largo plazo para dormir puede producir dependencia, pérdidas de eficacia de memoria, confusión y mayor riesgo de caída en mayores", argumenta.

"Estamos modificando ciertos hábitos, o incorporando dinámicas a nuestro día a día, que dificultan de una manera considerable la conciliación del sueño. Hay muchísimas recomendaciones que el paciente debería abordar antes de la 'medicalización', como el tipo de dieta, una ducha antes de acostarse, no consumir mucho alimento antes de ir a la cama o evitar el alcohol... Esta serie de pautas no son difíciles de llevar a cabo", insiste.

En este sentido, incide en que, por ejemplo, cuando un paciente quiere perder peso, antes de tratarlos con medicamentos, requiere unos meses de dieta. "Muchas veces con una buena dieta hay niveles plasmáticos que se corrigen sin 'medicalizar'", agrega. Por ello, considera que "habría que acompañar los tratamientos de ansiolíticos con algún tipo de abordaje más psicológico".

"Deberíamos establecer estrategias de retirada de medicaciones ansiolíticas, como se hace en algunas CCAA. El farmacéutico comunitario podría identificar pacientes que, de alguna manera, puedan ser candidatos a incorporarse en programas de retirada. Ya hay estrategias de colaboración con equipos médicos en esta línea, en los que se identifican a personas con más de tres o cuatro meses en tratamiento o mayor riesgo de comorbilidades como mayores de 60 años", reclama.

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