3 de agosto de 2015

Cómo cuidar los dientes de leche

Cómo cuidar los dientes de leche
FLICKR/RICHIE RICH

MADRID, 3 Ago. (EUROPA PRESS) -

La aparición de los dientes de leche es uno de los motivos más frecuentes de las visitas a los dentistas de los niños por las molestias que causan y, las dudas que les surgen a los padres por su correcto crecimiento según ha señalado la odontóloga de la dirección asistencial de Sanitas Dental, Patricia Zubeldia.

"La erupción dental comienza regularmente a los seis meses de edad, y entre los 24 y 36 meses hacen su aparición los 20 dientes temporales" ha explicado la doctora. Asimismo se tarda en tener la dentadura completa alrededor de seis meses.

Estos dientes temporales se mantienen hasta aproximadamente los seis años, cuando los dientes permanentes comienzan a salir y entonces estos se caen. En este momento se lleva acabo una 'dentición mixta' en el que están presentes en la boca los dos tipos de dientes.

REVISIÓN DOS VECES AL AÑO

"Lo recomendable es que los niños, desde su primer año de vida, acudan a revisión dental dos veces al año, ya que de esta forma su odontopediatra controlará que la erupción, y el recambio de los dientes de leche y de los permanentes, están siendo adecuados y que su boca se encuentra sana", ha recomendado la odontóloga.

A pesar de que sean muy pequeños, la doctora ha recomendado a los padres enjuagar los dientes del bebé y las encías con una gasa húmeda después de cada comida y antes de que empiecen a salirle los dientes, para "eliminar la placa bacteriana y evitar que los residuos alimentarios y las bacterias dañen las piezas que están a punto de erupcionar".

A partir de los dos años es recomendable enseñar a los niños a cepillarse los dientes. Hacerlo como si fuese un juego falicita asumir este nuevo hábito y poco a poco y bajo supervisión de un adulto, ir añadiéndole un poco de pasta dental con flúor.

Una vez el niño ya tenga algún diente de leche, debe cepillarse los dientes después de cada comida y con especial cuidado antes de dormir. Esto es porque por la noche se genera menor cantidad de saliva y la boca es más vulnerable a las bacterias.

Un cepillo de cerdas blandas, punta redonda y de tamaño pequeño es el perfecto para un niño, así como cambiarlo cada tres o cuatro meses ya que las cerdas se desgastan y no limpian de forma eficaz.

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