27 de mayo de 2014

No tratar una depresión tras un infarto puede duplicar el riesgo de sufrirlo nuevamente

No tratar una depresión tras un infarto puede duplicar el riesgo de sufrirlo nuevamente
EUROPA PRESS

MADRID, 27 May. (EUROPA PRESS) -

El tratamiento de las emociones como la angustia, el miedo u otros síntomas depresivos es clave después de un infarto, hasta el punto de que cuando no es detectada o tratada se duplican las probabilidades de sufrir nuevamente un evento cardiaco.

Así lo ha reconocido el profesor Esteban López de Sa, de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) durante un acto organizado por la Fundación Española del Corazón (FEC) con la colaboración de la Fundación AstraZeneca, recordando que hay distintos estudios que apuntan que aproximadamente un 20 por ciento de los pacientes que ha padecido un infarto sufre depresión.

Por el momento no se conoce el porqué de la relación entre las personas que sufren depresión y el aumento de sufrir eventos cardiacos como el infarto agudo de miocardio, según este experto, que reconoce que las personas depresivas siguen menos controles ya que adoptan una actitud más negativa ante la enfermedad.

"Además, existen antidepresivos que pueden tener efectos cardiovasculares adversos, especialmente los antiguos", ha destacado López de Sa.

Para determinar si un paciente sufre depresión es necesario realizar una evaluación detallada de su situación ya que cada persona reacciona de manera diferente tras el evento cardiaco.

No obstante, existen algunos síntomas que cabe tener en cuenta como cambios en el carácter y el ánimo (suelen estar más apáticos, tienen menos ganas de salir y realizar las actividades habituales o pueden estar tristes, malhumorados e inseguros), en sus hábitos diarios (duermen peor, comen mucho más o mucho menos que antes, se sientes más débiles o más cansados), o cognitivos (tienen más dificultad para concentrarse o pueden olvidar algunas cosas con más frecuencia que antes).

El principal problema es que, a menudo, los síntomas de la depresión no se perciben ya que tanto médicos como pacientes pueden pensar que la depresión es una reacción normal tras la enfermedad cardiovascular. Además, algunos síntomas, como el insomnio o la fatiga, son comunes a la enfermedad coronaria.

"Para ello es esencial que el paciente reconozca cómo está sin tener miedo, que no deje de hacer su vida (dentro de sus posibilidades físicas tras el infarto), que no se sobreproteja y, sobretodo, que no adopte la etiqueta de enfermo. Un correcto abordaje de los aspectos psicológicos ayuda a la recuperación del paciente y mejora la adherencia al tratamiento farmacológico", y añade que, "tan importante es concienciar al paciente como a su entorno más próximo.

Y lejos de lo más conveniente, muchos de los familiares sobreprotegen al paciente cuando lo más beneficioso sería intentar ayudar a que este normalice la situación, de ahí que "sea importante trabajar tanto con el paciente como con su entrono más cercano".

LA MITAD DE LOS PACIENTES INFARTADOS DEJA LA MEDICACIÓN

Por otro lado, en este encuentro también se abordará el cumplimiento de la medicación tras el infarto ya que más de la mitad de los pacientes abandona algunos de los fármacos a los 2 o 3 años tras haber padecido un infarto agudo de miocardio.

Estas cifras oscilan dependiendo de si el enfermo ha sido tratado en una unidad de rehabilitación cardiaca además de otros factores como su nivel cultural (aquellos que son atendidos mediante programas específicos en unidades de rehabilitación cardiaca abandonan menos el tratamiento).

"Hay tratamientos que se abandonan más que otros. Los fármacos que se dejan de tomar con más frecuencia son los que regulan los niveles de colesterol ya que cuando los análisis muestran resultados positivos, el enfermo considera que ya está bien y que no necesita tomarlos", ha defendido.

Por ello, es importante que continúe el tratamiento ya que las personas que ya han sufrido un infarto deben tener los niveles de colesterol muy bajos pues esto les ayuda a reducir la arteriosclerosis.

En segundo lugar se suele abandonar el tratamiento con betabloqueantes, siendo el que menos se abandona el uso de la 'Aspirina' (Bayer). Además, actualmente el tiempo de hospitalización del paciente de infarto es muy breve y, tal vez, queda poco clara la importancia de tomar la medicación.

NO ACEPTAN SU SITUACIÓN

El abandono de la medicación puede suceder a causa de varios factores. Para algunos de los pacientes dejar de tomar la medicación es un mecanismo de negación ya que no aceptan la situación de padecer la enfermedad y consideran que no necesitan tomar ningún medicamento. Además intervienen aspectos relacionados con la propia personalidad del paciente (a algunos les cuesta mantener el hábito de tomar la medicación).

Y otro hecho destacable es que los pacientes toman la medicación correspondiente a aquellas patologías que producen síntomas y la mayoría de medicinas que se toman después del infarto son preventivas, por lo que "al no responder a un dolor concreto, quedan en un segundo plano", ha lamentado este experto.

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