Historia y anécdotas de las incubadoras

Historia y anécdotas de las incubadoras
17 de noviembre de 2018 GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / METIN KIYAK

MADRID, 17 Nov. (EDIZIONES) -

Las incubadoras surgieron a imitación de diseños para animales e inicialmente se usaron en las ferias como espectáculo para divertir a las personas. Hoy en día cobijan a los prematuros y les facilitan vivir, nunca mejor dicho. ¿Qué ha sucedido de un punto al otro?

El miembro de la Sociedad Española de Neonatología, el pediatra José María Lloreda, cuenta en 'Lo que nadie te contó sobre la maternidad, el parto y la lactancia' (Arcopress) que la expansión de las incubadoras ha supuesto un "capítulo muy raro" de la Historia de la Medicina.

El obstetra parisino Tarnier descubrió una caja calentadora en un zoo de París y fabricó una similar, con aire caliente, para poder meter a uno o dos niños en 1880. Ya en 1885 se decía que salvaba vidas de prematuros indefensos, especialmente en invierno. Un discípulo de Tarnier, Budin, publicó su experiencia con la incubadora y sentó las bases del cuidado neonatal (temperatura, alimentación, enfermedades, entre otros aspectos).

Asimismo, un pupilo de Budin fue a Berlín a la exposición mundial de 1896 y allí convención al jefe de Pediatría para que le prestara unos cuantos prematuros para poner en las incubadoras durante la muestra. No le fue difícil porque en el Hospital de Berlín sabía que tenían poca esperanza de vivir. Fue todo un éxito, el público abarrotó la sala y pronto tuvo ofertas para montar lo mismo en Lodnres.

En 1987, en la exposición de Londres, se decía que la característica principal es que no requiere cuidado constante ni especializado, y funciona automáticamente. Allí, la sala se dividía en las incubadoras expuestas, otra zona para que las enfermeras alimentaran y bañaran y otra privada. Dos médicos visitaban la exposición tres o cuatro veces al día para ver que todo fuera bien.

En 1898 en la revista 'The Lancet', que había sido muy favorable al invento, aparecieron cartas quejándose de que pese a que esta exposición estaba controlada, estaban surgiendo imitadores sin ninguna formación, con incubadoras rudimentarias, mal ventiladas, por ejemplo, por el mero hecho de ganar dinero. Además, alertaba del uso de las incubadoras junto a espectáculos como la mujer barbuda y otros 'freakshow' por desgracia famosos en esa época. Concluía con que la incubadora era un tema científico y no un espectáculo para mezclar con exhibiciones de caballos y de cerdos.

En 1904, en San Luis, Couney hizo su exposición, que era muy de hacer una exposición en cada sitio, pero no le salió muy bien, ya que el 50% de los niños fallecieron debido a problemas estomacales. Desde entonces realizaba anualmente una exposición en Coney Island, incluso llegó a tener a su hija en una de estas incubadoras.

En 1934, en la exposición de Chicago, "la cosa era claramente execrable", cuenta Lloreda, y señala que una de las enfermeras se quejaba porque tenían instrucciones de poner, a medida que los niños crecían, ropa cada vez más grande, para que pareciera que los bebés eran más pequeños. Mientras, dice que en los años 40 y 50 llovieron las críticas y estas actitudes fueron condenadas. Cuando en Nueva York se abrió una unidad hospitalaria que atendía a estos niños, Couney cerró sus exhibiciones para siempre.

LAS INCUBADORAS ACTUALES

El neonatólogo, que trabaja todos los días con incubadoras, celebra que la situación haya cambiado y estas cajas ya no tengan nada que ver con las del siglo XIX y XX. "De hecho cada cierto tiempo salen nuevas mejoras que hacen que el bebé que está dentro tenga un medio ambiente lo más parecido posible al útero materno, pese a que no se parece en nada, pero se le da calor, humedad, se le aísla del ruido exterior. Se les tiene tapados a oscuras intentando remendar la sensación del útero materno, dentro se les envuelve como si estuvieran en el útero", señala.

Asimismo, en una entrevista con Infosalus indica que la supervivencia neonatal varía con el tiempo y ahora mismo el límite de la viabilidad se sitúa entre las 23 y las 24 semanas, aunque en algunos países como Japón reaniman a los bebés de 22 semanas.

"Generalmente, hoy en día llegado hasta la semana 23 ó 24 el objetivo más importante no es mejorar la supervivencia sino mejorar el tener las menores secuelas posibles en el futuro para aquellos que sobreviven porque estos bebés prematuros tienen más problemas que un bebé a término", agrega el experto de la Sociedad Española de Neonatología.

Según indica, aunque todo depende de cada bebé, generalmente suelen estar inmaduros a nivel intestinal, la superficie cutánea, del corazón, de los pulmones, del cerebro. "Una vez que nacen tienen que madurar fuera del útero, por eso son tan importantes las incubadoras, porque simulan su estado dentro de la madre y en la mayor parte de los casos les facilitan poder vivir", sentencia Lloreda.

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