18 de junio de 2014

La creación de unidades cardio-oncológicas permitiría reducir el efecto cardiotóxico de tratar el cáncer

MADRID, 18 Jun. (EUROPA PRESS) -

La creación de unidades cardio-oncológicas en los hospitales permitiría reducir los efectos cardiovasculares adversos que conllevan la gran mayoría de los tratamientos contra el cáncer, según ha informado la Sociedad Española de Cardiología (SEC) con motivo de la XI Reunión de la Sección de Insuficiencia Cardiaca y Trasplante que se celebrará en Barcelona.

Actualmente un 77 por ciento de los pacientes oncológicos requiere de una evaluación cardiovascular porque cada vez son más importantes y frecuentes las lesiones que causan los quimioterápicos sobre el músculo cardíaco.

"En los últimos años se han desarrollado fármacos contra el cáncer cada vez más potentes, pero la gran mayoría de ellos son cardiotóxicos", ha reconocido Nicolás Manito, presidente de la sección de Insuficiencia Cardiaca y Trasplante de la SEC.

Una vez se detecta que el fármaco está afectando de manera considerable al corazón, la única solución es suspender o reducir la dosis de estos medicamentos, lo que "supone un grave problema para el paciente y para el oncólogo".

Sobre todo, ha explicado este experto, porque retirar el tratamiento conlleva el riesgo de que el cáncer vuelva a aparecer y seguir con el fármaco implica la posibilidad de desarrollar una insuficiencia cardiaca muy severa que pueda hacer que el enfermo muera por causas cardiovasculares.

Estas unidades multidisciplinares que proponen son actualmente muy poco frecuentes en España y, según los expertos, deberían quedar integradas por el servicio de Cardiología, Oncología, Geriatría y Enfermería para que puedan de forma conjunta realizar un pronóstico adecuado y determinar qué tratamiento conviene más al paciente.

Del mismo modo, reclaman guías de práctica clínica que ayuden a la prevención, diagnóstico y tratamiento de la enfermedad cardiovascular en el paciente de cáncer ya que la coexistencia de ambas enfermedades se asocia a una mayor mortalidad de los pacientes.

NO SON CANDIDATOS A TRASPLANTE

Principalmente los pacientes que sufren ambas patologías son personas que padecen cáncer y que a causa de la edad (la mayoría están por encima de los 60 años) pueden sufrir cierto deterioro en su corazón. El agravante de esta situación es que, a causa del cáncer, no son pacientes candidatos a trasplantes de corazón y eso implica que únicamente exista el tratamiento médico para paliar las lesiones cardiovasculares.

Los efectos adversos cardiovasculares derivados del tratamiento oncológico son frecuentes y pueden exacerbar enfermedades cardiovasculares subyacentes como las miocardiopatías dilatadas idiopáticas, miocardiopatías isquémicas o patologías valvulares que cursan con insuficiencia cardiaca. Es por ello que los especialistas hacen hincapié en la importancia de la detección precoz y la evaluación de los pacientes previa al tratamiento oncológico que determine, mediante ecocardiografías, el deterioro y el estado del corazón del paciente.

"La cardiotoxicitdad depende de cada fármaco y de cada persona. No todos los fármacos actúan igual y tampoco todos los pacientes responden del mismo modo ante un tratamiento. Por ello, es necesario buscar estrategias de administración y de combinación de distintos fármacos de forma conjunta entre cardiólogos y oncólogos", ha defendido Manito.

Además, es necesario tener en cuenta si el fármaco que se administrará puede provocar o ha provocado cardiotoxicidad y, además, se deben realizar ecocardiogramas rutinarios para detectar la situación del paciente antes de empezar el tratamiento así como revisarlo periódicamente, cada tres o cada seis meses, durante y después de recibir tratamiento.

EL FUTURO: LOS CORAZONES MECÁNICOS

Por otro lado, en esta reunión también se abordará el futuro de los trasplantes de corazón ya que en los últimos años se ha reducido el número de donantes óptimos a causa del descenso de accidentes de tráfico, lo que hace que la alternativa pase por el desarrollo de corazones mecánicos, de la que también se beneficiarán quienes no pueden aceptar un trasplante convencional.

El dispositivo consiste en la implantación de una bomba que proporciona un flujo continuo llevando la sangre del ventrículo izquierdo a la aorta, la arteria principal del organismo.

"La denominada terapia de destino, que consiste en implantar un dispositivo que realiza la función del ventrículo izquierdo es la opción más viable para aquellos pacientes con insuficiencia cardiaca aguda que no responden al tratamiento convencional", ha explicado este experto.

En el último año se han implantado más de una decena de estos dispositivos, una cifra realmente baja comparada con otros países del entorno. En Estados Unidos se implantan mil dispositivos de este tipo como terapia de destino, pero por el momento no se ha generalizado por su elevado coste, ya que rondan los 100.000 euros.