12 de mayo de 2006

El arzobispo de Valladolid cree que la provocación de la muerte de un semejante es siempre ajena a la noción de dignidad

VALLADOLID, 12 May. (EUROPA PRESS) -

El arzobispo de Valladolid, Braulio Rodríguez, considera que la provocación de la muerte de un semejante "por muy compasivas que sean las motivaciones, es siempre ajena a la noción de dignidad de la persona humana".

Rodríguez, en su carta pastoral de esta semana que lleva por título 'Caminar en la Pascua', se refiere al caso del pentapléjico vallisoletano Jorge León, que apareció muerto en su casa desconectado de la máquina que le permitía respirar y a las publicaciones aparecidas en los diferentes medios de comunicación.

Al respecto, el prelado vallisoletano se refiere, además, al debate surgido a morir o no dignamente y afirma que está en "total desacuerdo con lo que algunos de los diarios dicen cuando afirman que la Iglesia Católica se opone a la eutanasia por razones religiosas".

En este sentido, Braulio Rodríguez precisa que los católicos se oponen a la eutanasia "por razones religiosas, pero no sólo y primordialmente por esas razones" al tiempo que asegura que los que defienden la eutanasia "apoyan su argumento de la muerte digna para intentar justificarla".

El prelado vallisoletano asegura que la técnica moderna dispone de medios para prolongar la vía y muchas se han salvado pero también se dan casos en que se producen agonías interminables o situaciones irreversibles "que dramáticamente degradan a los enfermos".

"En estos casos la legislación debería permitir que una persona decidiera, voluntaria y libremente, ser ayudada a morir. Esta sería una muerte digna, porque sería la expresión final de una vida digna", indicó Rodríguez, quien se pregunta que si es aceptable este argumento, a lo que responde que no "porque en él, junto a consideraciones razonables de la crueldad de la obstinación terapéutica se contiene una honda manipulación de la noción de la dignidad".

Por eso, el prelado asegura que en este argumento "subyace la grave confusión entre la dignidad de la vida y la dignidad de las personas, porque hay vidas dignas y vidas indignas al igual que puede haber muertes dignas y muertes indignas".

Para concluir, Braulio Rodríguez afirma que "es digno, ciertamente, renunciar a la obstinación terapéutica sin esperanza alguna de curación o mejoría y esperar la llegada de la muerte con los menores dolores posibles, pero la provocación de la muerte de un semejante, por muy compasivas que sean las motivaciones, es siempre ajena a la noción de dignidad de la persona humana".