26 de julio de 2006

El 3,5 por ciento de la población sufre ataques de pánico

El 3,5 por ciento de la población sufre ataques de pánico

LAREDO, 26 Jul. (EUROPA PRESS) -

Alrededor de un 3,5 por ciento de la población sufre ataques de pánico, un trastorno que se manifiesta a través de palpitaciones, ritmo cardíaco acelerado, sudoración, temblor, sensación de respiración dificultosa, dolor o molestias en el pecho, náuseas, mareos y miedo a perder el control o a volverse loco, según explicó hoy Emilio García Losa, psicólogo y profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de Cantabria.

Dentro del curso sobre "Miedo, fobias, pánico y rituales", el ponente abordó las enfermedades asociadas con el pánico, así como la agorafobia (miedo a los espacios públicos) y la dorafobia (temor intenso a entrar en contacto con la piel de un animal o persona)

Según el psicólogo, en el caso del pánico el porcentaje de quienes lo padecen no es tan alto como el de los trastornos de la afectividad, como la depresión, aunque invalida a la persona que lo sufre para moverse, coger autobuses o el metro y estar en sitios cerrados a no ser que vaya acompañada por otra persona de confianza.

En este sentido, García Losa señaló que la agorafobia provoca reacciones de miedo a estar en lugares o situaciones características donde suele resultar difícil o embarazoso escapar, o donde la ayuda puede resultar difícil en el caso que ocurra un ataque de pánico.

Sobre las causas que llevan a una persona a padecer estos trastornos, explicó que realmente no se sabe y lo único que se ha demostrado es que hay una serie de elementos que enfocan a la respiración, como por ejemplo la dominancia de la respiración torácica, en vez de la abdominal que produce más relajación, o de personas con trastornos nasales que ingieren mal el aire".

En cuanto a la dorafobia, un trastorno poco conocido, explicó cómo se trató a una paciente que la sufría respecto a una mascota de su propiedad. En un principio se trabajó el acercamiento y posteriormente se le puso un guante de látex para que apoyara la mano encima del especialista, hasta que se fueron cortando la punta de los dedos del guante cada vez más y finalmente pudo tocarlo.